miércoles, 15 de febrero de 2017

Epílogo -de una pareja-

Epílogo:
nombre masculino
1. Parte final de un discurso o de una obra literaria en la que se ofrece un resumen general de su contenido.
2. Parte final de ciertas obras literarias o dramáticas en la que se da el desenlace de alguna acción no concluida o se refiere un suceso que guarda relación con la acción principal o es consecuencia de ella.


Dedicado con un amor sincero e incondicional.
Sin ti, nada se habría iluminado con tal resplandor.

Epílogo.


Una suma inquietante de soldados cayó en 400 noches y más
¿Es noticia?
Tan solo bajas.
Mirados desde el centro de mando, con el cetro (la pluma o el joystick) en la mano, son cifras.

Nuestro totalitarismo lo causó. Nuestro amor en estado de excepción, en estado de sitio sembró el caos.
La diarquía falló, nos disputamos el control de todo, el control de nada. ¿Por el bien de quién?
Nadie se salvó.
La crueldad de dos tiranos se titula nuestra obra
El primero de una astucia álgida y psicológica
El segundo de un corrosivo ardor físico
¿Crees que se anularon o potenciaron?
Sacaron chispas de cada músculo.

Estalló la guerra civil, a veces triunfaba un bando y cuando estaba a punto de consolidar las sangrientas victorias, como un eco lejano resonaba la ternura o el perdón.
Luego el pacto, los compromisos de no agresión y posteriores ocupaciones. 
Nunca triunfó la paz y la tregua era tan breve como un orgasmo masculino.

Y allí surgías rebelde, terrorista o santo; yo, la monarquía hispana, el imperio romano cobrando su tributo o quizá peor… genocida.

También se intercambiaron los roles
de vez en cuando
me tocó ser la madre llorando sus tres hijos, 
la novia con el anillo precoz teñido de luto
el amante en el patíbulo
o el grupo armado que se revela al sometimiento.

Cada vez que cogimos el tridente algo falló, colapsó.
El agua lamió nuestros pies en nuestra embarcación sin rumbo 
arca de la salvación.
Arca conspirativa de nuestra cólera omnipotente. 
“Si vuelvo la vista atrás estoy perdida” Leí hace poco en el libro que me regalaste
¿Pero abandonarnos es acaso retroceder o avanzar? 
Las ilusiones ópticas nos cegaron, tanta belleza nos distrajo, los opíparos banquetes, las caricias entre las sombras y a plena luz... 
el placer diluyó el dolor en nuestras almas.

Dejamos que el tiempo nos arrollara ignorando las grietas frente a “nuestras narices”.
Hoy es toda una falla, le dieron nuestro nombre.

El amor.
¿En qué momento se alió con la locura?
Acaso son la misma cosa.
El descontrol guió cada acto, a veces trajo victorias deliciosas pero también la más amarga desesperanza. 
La locura se tragó al amor con tres vasos de soberbia y un sorbo de egoísmo. 

Profanamos santuarios que se tiñeron con tantas batallas mundanas
Nuestra propia Guerra Santa no fue más que la codicia de almas en pañales.

Tanto fuimos leales como llegamos a traicionar nuestros juramentos,
la naturaleza del hombre triunfó 

Como dijo tan lúcido y doliente Wilde:

“Y que no haya nadie que lo ignore: / Todos los hombres matan lo que aman: / Con mirada de odio matan unos, / Otros con frases engañosas matan, / El cobarde lo hace con un beso, /
El bravo con la espada”

Los soberanos se tardaron demasiado en comprender el daño cometido 
Vieron los ríos de sangre y no eran más que lágrimas de una pasión consumida
Las mutilaciones que fueron los empujones y manotazos torpes
La deshonra que fue cada insulto prescindible

Cayeron en la cuenta de que todo pasado fue mejor
(que los últimos meses)
había abundancia de recursos
Paz, marraquetas crujientes y carcajadas de postre.
Besos estimulantes antes de dormir abrazados,
mudos entre sueños 
y besos suaves al despertar entrelazados.  

Hubo alianzas  indebidas. 
Pequeñas traiciones y dilapidación de fondos 
de nuestro tesoro monárquico.
Decapitamos
los bellos momentos de caricias y mimos
que coronaron las funestas picas a la vista de todos.

Pero creo que ambos sentimos el cuerpo ligero,
la piel y cada vello liberado,
cuando nos quitamos el yelmo y escudo, 
el hacha de guerra, la cota de malla o la ballesta letal...
en fin nos sacamos la coraza,
y esquivamos (o aceptamos) una muerte ineluctable…

la de nuestra relación.

Dejaste caer rocas descomunales contra mi palacio fortificado
escupí de rabia al ver cada proyectil acercarse,
dañar mi confianza 
bajar la moral de mi hombre
perder la esperanza

Todos parecían pedir mi cabeza
¡Qué pésima administración!
De no haberla perdido entre tu cruel y deliciosa seducción,
la habría entregado gustoso
si con eso frenábamos tanto dolor.

Pero tantas veces fui yo el general victorioso, 
el monarca sanguinario e indesafiable
conduciendo tu hermosa anatomía 
a la horca o la guillotina.
Rezaba hipócrita por el perdón de tus pecados y
daba la orden a cualquier lacayo.

Contemplaba y latía tus últimos suspiros
“una palabra tuya bastará para sanarme”

Creía escuchar <<amor>> entre tanto grito de jaurías 
No hay nada que complazca más al vulgo 
que una cabeza rodante
Entonces reaccionaba frenético, 
como un fanático religioso ante la mínima blasfemia
Anulaba la orden, corría a tu lado
y depositaba mi capa de seda en tu espalda,
llorando desconsolado.
¿Cómo te iba a perder?

George R. R. Martin: “Cuando se juega al juego de tronos sólo se puede ganar o morir” 
¿Dirías que saliste victorioso? ¿Ganó alguien? 
Porque en nuestra capitulación nadie puede ganar. Al menos ninguno de los dos.

Sin embargo, me enviaste tu rendición.
Qué documento más angustiante…
Me llegó tu ballesta y cuánto quise dispararla en mi garganta.
Nos reunimos a firmar el armisticio.
Las tierras fueron repartidas, 
con la indolencia de quienes no se conocen
Levantamos una cerca y juramos nunca volver a cruzar.

Nadie salió victorioso, 
porque perdimos tanta vida por igual,
quedamos débiles e incompletos
empobrecidos, paupérrimos. 
Jugamos a tener el control,
a levantar el cetro con orgullo
y nos quedó grande.

Tras tanta ceniza germinarán las nuevas siembras
otras permanecen estóicas a nuestros yerros.
Nadie nos tuvo fe salvo nosotros, 
y sólo nosotros,
SOLOS 
partimos al exilio en un camino bifurcado.

Perdimos una estúpida guerra, 
pero estamos vivos, sentimos, somos aún humanos y frágiles.
Tuvimos nuestro apogeo 
Dicha y carnavales varios
Juglares cantaron nuestro amor por las cuatro esquinas
y ahora le agregan la gris moraleja.

1 año 3 meses y 27 días
duró nuestra dulce ocupación.
Nos hicimos del mundo, cogidos de las manos
y de la misma forma lo vimos arder,
impotentes.

Y este limbo no es más que el comienzo de la era más complicada.
Habrá que reconstruir, 
elevar un imperio desde los cimientos.
reforzar las almenas de la seguridad en mi mismo, 
erigir la fortaleza de mi identidad trastocada en el tira y afloja.
Aprender a disfrutar de los espectáculos públicos
que en secreto también disfruté, 
o de los privados como una película
solo que esta vez no tendré esa compañía, 
la del caballero más adorado en la corte.
Renombrar cada rincón consagrado a nuestra historia,
quitarles la marca idólatra. 
Que pase de ser la comuna donde vives
a una más de esta urbe.f
Descubrir que hay pasiones que me heredas, 
y que hubo códices preciosos
que escaparon a mi entendimiento.
Encontrar la sombra de tu talle en mi cama
y la estela de tu perfume entre mis prendas.
Escuchar canciones que me enseñaste 
y que se conviertan en himnos a nuestro amor 
abatido en su distracción.
Borrar el eco tu risa estridente 
de los corredores de este palacio decadente.
Aceptar que nuestra obra ha quedado en ruinas
y de las piedras hacer monumentos a lo que fuimos. 
Todo.
Chantajear a la memoria para que te vaya almacenando
bien al fondo de sus compartimientos y que no me de la llave.
Despojarte de los cargos que ocupabas en este reino, 
dejar que quizá se presente algún digno sucesor. 
VIVIR
con la satisfacción de nuestra historia
que acaba
dejando un legado 
rico en experiencias.
Porque si algo nunca faltó fue amor.

sábado, 17 de octubre de 2015

En consecuencia

Para I. J. A. a quien escribí el boceto.

En consecuencia...

Me (Te - Nos - Les) siguen llevando al patíbulo,
cuando por ventura nos tomamos de la mano
o rozamos las vellosidades.

Te (Me - Nos - Les) siguen injuriando en el foro,
Cada vez que nos susurramos al oído
Y te muerdes el labio y yo los humecto
–ya resecos- con la punta de la lengua.

Nos (Me - Te - Les) siguen condenando al ostracismo
De los cuartos con cerrojos,
Cuando todo lo que anhelamos
Es la turbia atmósfera
De los exteriores capitalinos.

Les (Me- Te - Nos) siguen embaucando en sus instituciones,
Haciéndoles venerar una nacionalidad
Cuando todo lo que anhelan (nosotros también)
es vivenciarse completos
Bajo el fiel cobijo del sol (delator)
Y la piel estremecida al pasto y al viento.

Me (Te - Les - Nos) siguen censurando en sus mentes ilusas,
Cuando busco tus brazos para mecer la tarde
aferrado a tu torso
Masculino-femenino al que tanto pertenezco.
Toda residencia tuya
Radica en lo hondo de mi pecho
Vecinos somos al recostarnos o al estrecharnos,
Pues mi patria está dentro tuyo.


Te (Me - Nos - Les) siguen azotando en el pilar
cada vez que nuestros ojos relumbran
inyectados/ lubricados en algún gemido doliente.

Nos ( Te - Me - Les ) siguen torturando en los jardines del pudor,
Como infante con lupa
A los pequeños insectos en que hemos transmutado
–de la noche a la mañana- bajo un juicio arbitrario y ajeno.

Les (Me - Te -Nos) siguen ignorando en las cenas,
Cuando hay que brindar por el nuevo logro obtenido
Y de pronto se toman las manos
Y de pronto todos se escandalizan...
Se (Me - Te- Nos - Les) siguen indignando a diario, 
Porque en todo lo que pretendieron
- y esbozaron-
Nunca fue importante lo que sintiésemos.

Nos siguen admirando por ser como somos,
Almas quemándose en la brasa amatoria.
Te sigo contemplando
Nos hemos conquistado en el más bélico sentido.

Me sigo enrejando/ te sigues enjaulando...
ya no en armarios apolillados
 sino enclaustrado por el deseo desatado.

Me – Te –Nos –Les siguen envidiando.

No los culpo.


Ave Caesar Morituri Te Salutant

Auge y caída de la frívola (J.G.E.)

Auge y caída de una frívola Ignacio Bravo P.

<<Nos odian porque nos temen, y nos temen porque nos saben irreductibles>>

Cuán difícil es establecer diferencias relevantes entre individuos de una misma casta.
“Los Bravo” son borrachos, “los Pinto” son marxistas y “los Guzmán Errazuriz” irremediablemente cristianos.
Mas cuando sitúa la vida en sus azares un Guzmán junto a un Pinto y un Bravo, las diferencias –mundos enteros- salen a flote, brotando como bacterias invasoras; y la sociedad pareciera ser el huésped que enferma.

Don J.G.E. nació con más cerebro que corazón, virtud-defecto que su madre supo aprovechar al máximo. Es que una separada madre “soltera” era ya suficiente deshonra a la estirpe.
De padre futbolista y ausente, creció pues el niño prodigio rodeado de mujeres y las carencias clásicas de quien se entrega en total –acto Edípico y suicida- a la madre y luego a cualquier imagen varonil retratable como paterna.
Ingresó a los Sagrados Corazones recibiendo su primer gran adoctrinamiento. ¡Un fanático religioso ha nacido! y la madre patria, hispana, fascista y anquilosada le ha hecho descubrir una inspiración: el general Franco ¡Viva la España! ¡Viva la patria aristócrata!
-muerte al marxismo leninista-.

Jaime siguió su impecable desarrollo torcido. Desayunando croissant en salsa anti-comunista, con una infusión de té británico-de-la-homofobia  en la amplia mesa rectangular de cabecera sin trono, bajo el dogma Católico.

En sagrados corazones no solo cultivó las ciencias, aprendió también la palabra sodomita y el espanto que era pronunciarla. Y aprendió a practicarla, por lo general en su mente fingiendo lecturas.
¡Qué brillante! ¡Qué solitario!
Jaime un niño altamente dotado, eso era evidente y estaba siempre nariz clavada en algún libro, perdiendo cabellos en el infatigable estudio de las letras.

La devoción sacramental que sintió desde infante por los uniformes solo él la conocía (sin comprender). Y es que en la mente de un niño de cuatro años no cabe decir “los futbolistas usan uniforme, como mi papá ausente”. No cabe racionalizar a los diez, las pasiones que el hábito religioso le infundían, y ya a los trece le calentaba el uniforme de sus compañeros de aula provocándole intensas erecciones en medio de álgebra, cuando pasaban al pizarrón y en el estirarse tiza en mano, se marcaban los generosos músculos de la espalda y al garabatear, esos trastes y miembros tan resaltados por la costumbre de la camisa dentro del pantalón. ¡Bendito protocolo!
¡Oh señora si usted supiera!

Maestros, monaguillos, cristo ensangrentado-pecho marmoleo, carabineros y militares objeto de su más hondo deseo y las continuas masturbaciones.
¡Oh el placer de la sangre y la penetración!
Sentíase enfermo hasta leer Mishima. Luego sintiose bestia.
Pero no le importaba tanto el origen de sus deseos, ya que mami no sospechaba y aun así lo hiciera tras sus labios jamás saldría la palabra invertida.
Acuerdo tácito. La suma de los miedos.

Y las dudas se hicieron carne y hueso, el dolor se materializó y trocó en odio y resentimiento, una clase de desprecio letal que hacíale desear sangre y odiar la libertad.
Esa paleolítica libertad que su casta jamás le permitiera ostentar.
“Pues si yo no soy libre nadie lo será en este país tercermundista”
Y su mente crecía y crecía (cada vez quedaban menos cabellos)  y entonces clavó la cerca límite de la permisión en el sendero de su consciencia. La fe, la disciplina, la obediencia, el dogma, la propiedad privada y otras vainas.

Jaime ya era un abogado de la universidad pontificia, y abrazó el sueño cumplido del departamento de soltero.
Los maricas entran y salen (como en día del orgullo) y aunque los tiempos no lo permitían, pudo contemplar -a lo lejos siempre- enroscados en orgiásticos viernes, las bacanales de hombres del Santiago acomodado, asistiendo a ver las versiones múltiples del festival de viña que tanto disfrutaba.                                                                                                                                    
        En ese tiempo conoció Guzmán en la fiesta de disfraces en casa de… (Quién sabe a estas alturas) a un hermoso muchacho de barrio bajo. En la danza de máscaras postergadas, le besó con torpeza entre el vendaje de momia. Era un salvaje y así besaba, erigiendo la lengua entre sus dientes, mordía y tocaba como tal.                                            
Y luego se fueron al cuarto oscuro y solitario y con sus ansias Guzmán extrajo las vendas una por una de la falsedad. Allí estaba el hombre desnudo, suplicio y ambrosía; ese mismo que luego supuso muerto y no hizo nada. Tampoco en ese cuarto porque cuando se disponía a pagarle un servicio, apareció en la billetera el retrato de su sacrosanta madre –más torturadora que la DINA y la CNI juntas- y solo se acuclilló conteniendo a duras penas el llanto.
¡Oh, si tan solo no sintiera el deber del celibato!                                                    
Tanta represión acentuó la vileza. El deseo vengativo y la sed de sangre. Los sediciosos debían pagar y así comenzó la caza de brujas, ¡comunistas cerdos! Maricas cerdos. ¡Oh pobres gentes enfermas!

Entonces cual efebo ansioso de la carencia, se enamoró perdidamente de “la señora” (Jorge Alessandri Rodríguez). Y le robó al tiempo los días de la dicha, las caricias y el amor ¡cosa tan compleja! ¡Tan similares! ¡Tan toscamente carnales! ¡Tanto y tanto se besaron!
Amor a velocidad crucero, ansias vehementes. Culpas como colosos ante los celos maternos, ante un mundo caótico absorto en el imperio de la moral.

Y entonces bastante cercanos, así cogidos de las manos, Alessandri y Guzmán, se acercaron a la bestia generalísima: Augusto Pinochet (su excelencia le llamaron) y rindieron tributos.
¡Oh ave Cesar! ¡Libertador de Chile! Cuente con nosotros para lo que precise, úsenos en su gran plan. Alessandri presidiendo el Consejo de Estado. Guzmán en la comisión Ortúzar, amasando la Carta fundamental ochentera.                                                                                                                
Pasan los años, mucha agua bajo el puente y cuerpos varios por el Mapocho, Pisagua, el mar y el desierto atacameño.

—Espere papi. — ¡En la calle no Jaimito!
— ¿Qué quiere Jorge, quiere que lo bese? Usted sabe que bien lo haría de no ser por tanto testigo… y no podemos hacer desaparecer gente así como así.
(Ambos ríen a carcajadas mientras se despiden de su viejo amor)
—Me queda poco tiempo Jaimito. ¡Aprendimos tanto! ¡Te amé tanto!


Quedaron distanciados, el amor colgado como cartel en blanco y negro, esos que cargan los familiares de los que ya no aparecieron nunca más. 
El duelo desatado.

FIN DE LOS DÍAS LUMINOSOS – ÉPOCA OSCURANTISTA.

En ese período turbulento tuvo junto a él por primera vez un fusil y una metralla, quiso coger las armas y así lo hizo, sus enclenques brazos apenas la sostenían y sintió su ira metálica, asesina, su poder dominante y sometedor.
Sintió como sus paredes rectales se humedecían y el marrueco quedaba en evidencia en una forma diagonal.
¡Oh, los armamentos! Las balas aerodinámicas. El falo aerodinámico esculpido por Dios.
El “vicio”, “su enfermedad” y las veces que lamía en confidencia de su departamento el sable que un militar en retiro le había regalado…
Tragaba el sable con deleite fresco mientras sus curiosos y desinhibidos dedos escarbaban y entraban repetidamente en su ano.
¡Oh las botas y medallas! ¡Condecoraciones, sangre y batallas! Cuánto provocaban, cuan alto la lívido entre 1973 y 1984.
¡Oh cuerpo cárcel del alma, ¿Cuándo me irás a liberar?! (…)


Jaime vivía al fin su ansiada vida intelectual derechista. Se codeaba de lunes a lunes con la élite. Tenía tras suyo una madre de pecho henchido con los innumerables logros del hijo prodigio de la dictadura. Codeábase hora tras hora con la amargura más honda.                                                                             Reprimíase, rodeándose de los más dulces y ardientes efebos para adoctrinarlos allí en su habitáculo, allí en la universidad y en el naciente partido político, encarnación gremialista.                   La jornada coronaba asistiendo diariamente, devoto a la eucaristía, a ver si el sacramento y  la comunión efectivamente limpiarían su alma y su consciencia, pero nunca ocurría. Sentía bajar la ostia estigma, cerraba a fuerza de garrote los párpados para no ver en el acto oral la penetración del “erguido metal de la raza”. Las sansebastinas visiones nunca le abandonaban; ¡Oh el cristo embalsamado en sangre y sudor! ¡Qué suplicante placer el del hombre perpetuado por el hombre!

“Proust, Guide, Whitman, Wilde, Forster, Lorca, Alone, Mistral, Donoso:
¿Por qué me atormentan con la sacra literatura?
Sodoma y Gomorra mi pecho de hielo, el señor dará un soplido y lo derretirá arrojándome a las penas eternas del purgatorio. Pero señor, no te deshonraré; enfermo estoy, lo sabes bien, mas no tomaré las dulces píldoras de la carnalidad pecaminosa.

El gran ideólogo del agrio régimen, casto a sus cuarenta años, desdichado e infeliz para el resto de su andrógina vida. Convertido en una efigie ambulante, blanco seguro de la certera revancha, llegó el abogado a los albores de la transición a la democracia.
Tantos invertidos golpeados por el régimen. ¿Dónde, en qué vastos armarios anduvo oculto –cabeza entre las piernas- senador Guzmán? Mientras a hurtadillas leía con las mejillas coloradas las “Confesiones de una Máscara”. ¿Dónde el juicio híper-intelectualizado mientras la fuerza militar acribillaba anónimos maricas algún día vislumbrado? Esas colisas pobres –que tanto deseo le provocaban.                                                   
¡Oh Jaime, los vastos armarios! ¡Hasta dónde te llevó tu ambición de poder, de ser la élite! Habrá pues que culpar al destino o a la carencia de acciones honestas.
O tal vez todo fue sólo un cúmulo de prejuicios y resentimiento. Una persecución, una huida y la fuga interruptus.

<<Como va a tener el mismo valor el sufragio de un ignorante que el de un sabio>>

Guzmán nunca creyó que los bajos seres pudieran escoger su camino. Para eso estaba Dios, para disponer. Y así le ocurrió a él, un día primero del mes cuarto en el primer año de la transición fue que el todopoderoso tomó su decisión.
Guzmán salía de su cátedra en la PUC y vislumbró gente extraña en los corredores, inmediatamente lo comprendió: Los ángeles del Señor, claro.                                                           Habló con la secretaria. Solicitado el chofer se dirigió a la calle, subió al móvil  que le conduciría a la muerte.
“Luchito gracias por venir, pero no intervengas y llévame hasta la sede de la UDI”. 
Lugar al que nunca supo, hubo llegado.
Porque en la primera esquina a las afueras del campus Oriente, al fin fue penetrado, por primera vez a sus cuarenta y cuatro años, por dos balas en el torso. El interior se derrumbaba, la sangre fluía con tanta calma como agua bendita en una gruta. Era el fin.
 Desde el hospital militar  el senador fue llorado y despachado directamente al memorial, ¡Viva el honorable senador Guzmán, ejemplo de incuestionable moral!
¡Pero ay, si supieran la travesura final!
Si tan solo vislumbraran el fulgor de la mirada de frente a los verdugos, su excitado palpitar, su sonrisa socarrona. Barbones y obreros. Marxistas cancerosos. ¡Qué hombres más deliciosos! Y luego nada importaba con las cuentas entre los dedos feligreses.
Novoa al pie del enjuiciamiento por fraude al fisco, por boletas ideológicamente falsas y evasión tributaria, añora los tiempos del antiguo potentado militar en su arresto domiciliario.                      Llorando cita:


<<Nos odian porque nos tienen miedo y nos temen porque nos saben irreductibles>>

                                                

Ave Caesar Morituri Te Salutant

lunes, 17 de agosto de 2015

Empezando la dieta

Siendo un lunes cualquiera en un mes X -el que Ud. haya seleccionado- comienza la sacrificada dieta.
02:00 am. hora de la última comida del sujeto en cuestión: una crema de verduras varias preparada de forma natural, es decir, sin un sobre de sopas Maggi.
PRIMER AVISO: para hacer dieta hay que contar con recursos suficientes para destinar a la alimentación y tiempo; ya que si Ud. pertenece a una familia como la del protagonista, entonces en su casa se come mucho fideo, salchicha y arroz (la antítesis de la figura perfecta) y nadie quiere gastar una hora semanal para recorrer una feria libre. Como si fuera poco, las mañas en la dieta, han expulsado a las legumbres del mapa y "pucha que está cara la palta y el limón".
Por lo anterior, el régimen  (alimenticio) debe llevarse a cabo por un individuo que pague su propio alimento, cuente con tarjeta Junaeb (por tanto dispone 32 mil pesos mensuales financiados por el Estado), o en su defecto ser un mimadín al que su madre, nana o abuelita le cocinará cualquier manjar bajo en calorías.


08:35 am.
Se levanta el sujeto 1 sin apetito (la sopa nocturna aun satisface su estómago), pero de todas formas se prepara la primera comida hipocalórica de su vida; un tazón de leche descremada y avena con otros granos que no es capaz de reconocer.
Sospecha que dicho desayuno no es lo suficientemente abundante, por eso es que decide acompañar el menjunje con una tacita de café cargado, esperando que su contenido lo revitalice de forma definitiva.

09:15 am.
Una vez depositada en el retrete la expulsión matutina, el sujeto 1 se da una ducha para salir a trabajar, aunque no está seguro de que deba ir, lo hará de todas formas (por si las mocas).
Entonces mientras seca su cuerpo revisa el celular, el cual contiene dos mensajes de texto: el número 6738XXXX ha intentado comunicarse con usted...blablabla -contesta la cagá de celular si para algo lo tienes-.

09:33 am.
Aún no sale de casa el sujeto 1, se da las incontables vueltas rutinarias recogiendo un objeto a la vez, ubicándolo dentro de su bolso y terminando de arreglarse para salir; le cruje el estómago.

09:47 am.
Sujeto 1 se lava furiosamente los dientes para hipnotizar las papilas gustativas y así evitar comer, ya que el bocado que pruebe tendrá el mismo sabor: menta industrial.
Se dirige por última vez a la cocina y se agencia una botella plástica con agua, otra técnica "infalible" que le recomendaron para evitar comer a deshoras.


09:55 am.
El hombre camina directo a la estación para acercarse a su trabajo, en el camino se percata de cuanta publicidad de golosinas y alcohol hay en los alrededores de su barrio. Le da sed y hambre, pero no cede. Está orgulloso de su logro; haber comido como un pajarito para relucir pecho-paloma un cuerpo renovado.

10:13 am.
Ringtone de una canción de moda se oye en el metro de Santiago.
-¿Aló? Si, si. Entiendo. No, no hay ningún problema. Puta oh. Oka. Será. Ok.
Le notifican que por hoy no le necesitan en la tienda. Molesto pero al mismo tiempo colmado de la alegría del ocio repentino, se devuelve a su casa; ese terrible paraíso de placeres y tentaciones ocultos tras la despensa, en el refrigerador y la panera.

11:17 am.
Ha llegado a su casa con un nudo ciego en el esófago, con los dientes lubricados y deseosos, con la mente ennegrecida de grasosas ensoñaciones.
Sin embargo, se contiene como un gladiador famélico ante cien leones de su apetito feroz.
Abre las compuertas del sarcófago de los alimentos perecibles, se aguanta. Abre la imanada puertecilla del congelador y contempla, helado de tres leches y un puñado de porotos ya cocinados.

12:03 pm.
Entonces viene el idealista triunfo del hombre sobre su naturaleza devoradora. Los cinco mil instintos de consumir todo lo que le rodea, piernas, pechos, senos, corazones, subjetividades, minorías, grasas y postres. Todo es digno de su ansia de consumo. Todo.
El sujeto 1 valientemente barre el piso de su casa, bebe agua y canta canciones de antaño: "eres exquisita como un gran asado con papitas fritas" (...) "y tan deliciosa que me da fatiga..."
Suena el timbre:
-¡Los evangélicos #*#*#*#!
Se aproxima a la puerta mirando por la rendija.
-¡Soy yo! abre hijo.
Y surge entonces el antagonista, Oh fuerza demoníaca cargando en una mano un montón de pan amasado y en la otra, una bolsa azulada quién sabe qué traiga.
Pero el pan ya fue abandonado al menos en el papel por la dieta escogida.

12:05 pm.
Mientras lava loza contempla al padre con hiriente mirada.
En sus manos discurre la espuma, en su boca saliva deseosa.
-¿Querís amasado con Bistec?
-(Después de la necesaria pausa dramática ) no gracias.
-no me digai que estai haciendo dieta po (risa burlesca)
-no gracias. No tengo hambre.

CRJJCJRJUAGGGGKKKLJJ

12:09 pm. El olor de la posta rosada haciéndose entre el ajo y la sal, inunda la cocina. Le nubla el compendio de recetas y cuidados que archivó en su cabeza. Maldice el olor, mientras a escondidas coge un mendrugo de pan y lo frota contra la sartén humeante, irrigándole al trozo la sangre cocinada, aceite hirviendo y el ajo en cuestión. "Con esto bastará... todavía no me la ha ganado"-se dice relamiendo sus labios, volviendo a los trastos por fregar.

Y luego vienen esas culpas como colosos, los rollos de piel y carne, grasa y sangre. Piensa como ha cambiado su imagen en cosa de un año, dos o menos. "Antes era tan sensual, no se, tenía algo. Una espalda ancha, brazos firmes y claro nunca calugas pero al menos guata plana..."
Luego se recrimina e imagina el holocausto bovino, el martirio de las aves, el azote de los puercos, el tormento infame de los peces y el vía crucis del cordero al palo.
Pobres criaturas...
Proyecta una vida privada del "egoísmo carnívoro", se imagina asceta, comiendo por supervivencia y no por placer, cavila profundamente y concluye que el ser humano es en sí una existencia irreparablemente destructora. Aniquilando hábitats para crear las carreteras que transportan la carne vegetal, interviene ecosistemas creando sembrados y espantando "plagas", aniquila para crear cosméticos o para probarlos, faena para no morir de frío. Destroza y tala para seguir edificando, socava la montaña por el mineral, interviene los bosques para conducir la preciosa electricidad. 
"No hay por donde salvar nada", deduce:
El ser humano es cosmófago por esencia. 
Erige en su mente un monumento a todos los mártires de sus veintitantos años

12:11 pm.
Se sienta el joven junto a su padre. Con un tenedor en el puño izquierdo y un cuchillo en el diestro.
Suspira, y es cuando el progenitor le mira con el impávido rostro del antagonista diciendo:
-¿Será cierto que Hitler era vegetariano?
A lo que responde con un dejo de superioridad:
-¿Será cierto que John Travolta es gay?
Y deja níveo el plato con los cubiertos y el pan. Satisface por un rato ese apetito insaciable, inadecuado para cualquier tipo de restricción alimentaria.
"Shhh oye cabro, estay bueno pa' hacer una huelga de hambre"
Ríe como el villano que al fin logra desenmascarar al héroe y meterle criptonita por el culo.