martes, 28 de abril de 2015

Seguíme, te sigo

Capítulo I

Siguiendo los instintos ¡Cuán tiranos fueron! Decidí arrancarme de todo
-casi los pelos y la piel y las zarpas- de mi biblioteca ¡Oh, cuánto la extraño y anhelo! Huí de mi familia ¡Ya era tiempo!
Arrastré el reseco cordón umbilical desde la capital hasta la precordillera, hasta los andes nevados en sus cimas y depresiones lacustres cumbrereras y en la cordillera de los Andes, a cuatro mil metros sobre el mar lo corté y enterré entre el blanco manto que quema.
Me despedí de mis apuntes y de la facultad de humanidades, de los paros y marchas, pedradas, barricadas y llantos de gas   pimienta.
De los pastos y sus bebidas embriagantes, de los buenos e insufribles amantes (todos y cada uno, incluso los anónimos)
Mi Santiago amado. Te cambié por avenidas descomunales y el falo obelísquico ese.
Por irme al fin con el objeto animado de mis más hondos deseos y pasiones.
Lo dejé todo salvo el coraje y el orgullo (el cuero de chancho lo traigo a los hombros compartido)
Ese brío que me tuvo atado a este catre de una plaza y media que comparto con quién supuse el amor de mis días.
Las sábanas, eterna compañía de los dos- nos tienen acá en tu ciudad porteña, atlántica fundidos y tercos abrazados de almas y labios.
¡Y todo ha sido opio y un parpadeo frenético de un viejo TOC!
Y cuánto me provoca y contenta ser tu esclavo y tu mi posesión, al menos hasta hoy en este día enrarecido, místico y sombrío que lo trocó todo en esto. En el” qué se yo”.

 En esta prisión preventiva.
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Posible inicio de una novela futura.



















Ave Caesar Morituri Te Salutant

lunes, 27 de abril de 2015

Mirones del Araucano


Ninguno de los presentes sabía con algún grado de certeza, si eran las ruedillas, las sombras que proyectaba el farol central, o los torsos desnudos lo que mantenía a Rodrigo con las córneas clavadas en el Skate-Park del Parque Araucano.

Se dirigía allí cada día al entrar o salir de su pega en el Shopping, en esa tienda "atestada de maricas irritantes y trepadores sociales"
Eran sus palabras, pero él no era muy distinto y en una banca junto al complejo deportivo deleitábase con el vicio por los que como él habían sido chapados por la naturaleza.
La otra costilla era solo un hueso desabrido, quería todo lo demás. La costilla la dejaba sin tocar sobre el plato, para alimentar a las moscas.
Los contemplaba, rubios, delgados, castaños, todo músculos, viriles, cayendo, sudando, siendo irresistibles y completamente soberbios.
Tan masculinos como fuera posible, salvo por un puñado, el de los invertidos, que arremetían sus cuerpos en la patineta sobre las rampas y aun así cuan fácil engañaban la vista distraída.
Se fijaba en uno en particular y no le sacaba los voyeuristas ojos de encima. Si se accidentaba, creo, le dolía más él que al Adonis.
Llevaba un insolente arete en el lóbulo derecho y exhibía sin pudor el gastado bóxer azul a cuadros -de los que se llevan sueltos- junto al esculpido abdomen. Había hallado una presa de su fiel obsesión.

Y cuanto ansiaba rebanarles, mutilarlos, quitarle las alas en pleno vuelo a las rosas mariposas que se jactaban de su sexualidad, cuando él ansiaba tener tan sólo un poquito de esa libertad descarada.
Con su propia mano habría encendido la pira medioeva que calcinara a esos herejes no sin antes una intensa jornada de torturas hasta hacerles -infructuosamente- abandonar esa sedición pestilente de la homosexualidad.

Creía interpretar a la perfección el papel de heterosexual, pero no era cierto. A decir verdad se mimetizaba con los visitantes indeseados, más de lo que él hubiese querido.
Un par de veces recibió propuestas de distinto calibre, las que pese a haberlas concretado gustoso, prefirió ignorar, influido por una moral conservadora y un afán irracional de pertenecer a lo que él llamaba normalidad.
Creía que ese intersticio, esa ambigüedad indefinida, era el lugar más cómodo para habitar, pero era esa autorepresión la que acrecentaba la bestia insaciable que moraba en su interior.

Así que impulsado por su pasión ciega, se dirigió religiosamente al Araucano, para ver a su muchachito y el océano de testosterona que le rodeaba.
Siempre había tenido esa clase de comportamientos, a los quince no se perdía ninguna pichanga de barrio, seguía cada movimiento desde las gradas de la cancha y el sube-baja de los paquetes.
Capturaba, como si por ojos tuviera una cámara, la imagen ganimidea de los pendejos narcisos, y luego se dirigía a un rincón solitario a revelar los negativos. Ampliaba las tomas y con la mano libre se daba placer. Los cogía, los desnudaba y frotaba unos contra otros como si de muñecos de trapo se tratara, llegando hasta el orgasmo que cubriera pasto y tréboles de una espesa y blanquecina nevazón.
Concretaba la abominación, se traicionaba en lo más profundo. Pero era más fiel que nunca a su instintiva esencia.
Toni le decían, eso había logrado escuchar, no sabía más de él; y de qué manera moldeaba sus días.
Si no le veía su ánimo se iba a la mierda, aunque lo esperara el muy indolente no aparecía.
Celos absurdos lo consumían, el deseo de encararlo, de ver como se fracturaba una pierna, con el hueso emergiendo de su suave y tersa piel. Pedir las explicaciones del caso... ¡Pero cómo! ¿Quién era él para reclamar nada?

A veces fantasmas colosales lo acosaban, e impulsado por su consciencia escapaba a toda velocidad hacia la soledad anónima del mall.
Imaginaba que en cualquier momento lo descubrirían y se ganaría una paliza. Un tablazo de Skate en su espalda, aplastando su cráneo "por enfermo", pervertidor de menores y maricón. Lo cual cierto, casi cierto y muy cierto.
A decir verdad nadie se preocupaba de él. Le pasaban por alto creyéndolo un fanático de las tablas. Sus modales refinados, su buen gusto en decoración, y la vestimenta escogida, incluso su anatomía flacucha pasaba inadvertida.
Una vez por semana lo acosaba la pesadilla recurrente: Los tipos indiferentes un buen día lo interceptaban, y sin escapatoria como en un ritual pagano, los homofóbicos se harían cargo de él, faenándolo para sacrificio.
Con un pepino atravesado en la boca, atado de pies y manos era abusado con su consentimiento. Hacían de él un acopio inagotable de simiente chorreante y él tragaba como si fuese la esponja con vinagre entregada al cristo, la mezcla seminal.
Pero más allá de su somnolencia tenía claro que si la agarraban con él, no sería con sus abundantes y gustosos penes, sino con palos, camotes y skates.

Se creía solo en su juego de reglas claras y legítimas. Pero como todo conocimiento quedó obsoleto con el tiempo.
Fue un día miércoles en la noche, salía del parque echando humos, caminando al paradero.
La familiar sensación de ser perseguido le asaltó con mayor intensidad de lo habitual. Volteó. Nada, se sintió a salvo.
Solo a lo lejos, un joven de gafas e impecable montgomery, quizá estudiante de leyes, posiblemente castrado a diario por la madre. Ninguna amenaza.
Lo vio un centenar de veces, tal vez, pero no lo recordaba, tanto como él era un maestro del espionaje y el sigilo. Un mirón profesional.
Pero la sensación no lo abandonaba, apuró el paso. pegó los ojos a su espalda. El joven se acercaba.
Cuatro cuadras más abajo aun detrás suyo... "debe ser casualidad, seguramente no tiene importancia". Cinco más y aun detrás suyo.
Tomó un absurdo desvío que prolongo su camino, y efectivamente allí estaba siguiéndole el paso.
Rodrigo vio como pasaba su micro. "Quisiera escapar / como un venado herido / hasta Arkansas"
Y jadeante, con las piernas agarrotadas no la alcanzó.
 Entonces se sentó a esperar temeroso.
Creyó haberle burlado, hasta que giró la vista y como un mal chiste tenía clavado en el asiento contiguo, hombro con hombro a su persecutor.
Unos cuantos goterones salados discurrieron desde la punta de su nariz.
El muchacho le tendió un kleenex y se presentó.
-Raúl. Un gusto.
-en qué... puedo ayudarte Raúl.
-la ayuda te la di yo. Miróncito...
-¿Disculpa?
-ya lo oíste. Sabes perfectamente que estabas haciendo...
¿podré saber tu nombre al menos?
-me confundes con alguien más. Y no me interesa formar parte tu acusación enfermiza...
-ojo de loca no se equivoca jaja, además yo si he patinado, y se nota a la legua que no vienes por el skate.
Se paró comprobando si venía alguien y subió el tono de la conversación.
-¿Qué te habrás imaginado hueón? Yo soy bien hombrecito con mis cosas.
-Porfavor no me faltes el respeto. Yo no lo hice. No soy ningún hipócrita y no necesitas fingir nada conmigo. Dime si no te parece irresistible como se balancea y comprime un oblicuo en una tabla.
-¿Cuál es tu problema? yo no he hecho nada, estoy siempre lejos. Invisible.
-por ahora. ¿Y luego qué? ¿No te gustaría concretar tus deseos obsesivos?
¿Cuántos años tienes?
-treinta y uno
-yo los suficientes, veinticinco
-me llamo Rodrigo. Trabajo en el Parque Arauco hace años, me fumo un par de puchos mirando como los cabros hacen deporte. ¿Tiene algo de malo?
-con ellos puedes mirar cuanto quieras, pero no tocar -dijo Raúl guiñando un ojo, él no manejaba los códigos no verbales, esa jerga de la seducción
-viene mi micro. ¿Subes?
-puta... no. Pero dame tu número. Mejor yo te doy el mío. Y se lo apuntó en la palma junto con una sonrisa :)
Ah, se llama Félix Chattrit y es argentino. Estudia en el British College. Si no está acá puede que haya ido al Bustamante. 
Adiós.
Salió caminando en dirección al parque.

Perplejo en el bus anaranjado del recorrido "barrio alto", molesto por toda la información sonsacada se sentó. Intentó retener todo lo que oyó. Todo lo relativo a Felipe. Tanta información que nunca tuvo. Repetía en murmullos como el niño que es enviado a comprar sin una lista escrita y llega sin los huevos. Repitió instintivamente ese nuevo nombre: Raúl.
Hiló mas fino. Si no hubiese abandonado Maurice de Forster a medio camino, habría comprendido.

<<No se dijo más en aquella ocasión, pero él se sentía libre en otro campo, y en un campo, además que nunca había mencionado a persona alguna. No se había dado cuenta de que podía mencionarse y cuando Durham lo hizo en medio del patio, a plena luz del día, sintió que un soplo de libertad le acariciaba>>

Comprendió mi secreto... estoy acabado. Si el se dio cuenta, entonces, mi familia, mis colegas, todos deben saberlo a mis espaldas. Estoy condenado por los siglos de los siglos -amén-. La felicidad es para la gente buena, no para los huecos mal de la cabeza como... yo.
-Felipe, argentino, chet..chat...como sea, Bustamante, English College... Raúl. +56977832457. No era para nada poco atractivo...¡Cállate marica repugnante! 
¡Como si ese pendejo se fuera a fijar en mi!
No le quitó la vista a su mano, allí estaba la clave para poder acceder al apuesto y misterioso veinteañero. Llegada la noche sintió el irrefrenable impulso de llamarlo, su deseo subía como un bollo en el horno. Se dio una ducha fría pero no se le pasaba. El rostro le pululaba en la mente.
Quizá fuera un número falso, sí, eso era lo más seguro. Entonces ¿Qué perdía al llamarlo?
A los diez segundos contestó un Raúl emocionado.
-Veo que te decidiste al fin
-quiero verte. Ven a mi departamento.
-no sabes nada de mí.
-tu tampoco
-bien, averigüémoslo entonces.
-te envío la dirección. No me falles.
Al cortar su corazón latía histérico, sentía que lo expulsaría en cualquier momento por la boca. La espera fue eterna, pero en media hora golpearon su puerta.
Llegó muy buen vestido y perfumado. Por fin le veía directamente a los ojos. !Y cuánto lo clamaban!
Se dieron un cálido apretón de manos, arrojó el abrigo en el sofá. Se sentaron juntos. Bebieron vino. Comieron y rieron con una intimidad envidiable.
Toda su fe estaba depositada esa noche en el Cabernet Sauvignon, como si el tinto fuera el elixir sacramental que le quitaría la timidez y le haría más atractivo frente al invitado de honor.
Libró el magnetismo etílico con el sacacorchos. Siguieron por el mismo carril sin chocar. Sin estrellarse en la caverna mineral.
Raúl no paraba de reír con el efecto que las copas tenían sobre el dueño de casa. De su pelo corto y formal escapan sendas trenzas que llegaban hasta la alfombra, y todo por culpa de la forma en que así y fumaba el cigarrillo.
Captó una fotografía mental del sublime momento, ese cuando un alma se libera de todo tapujo y cartuchismo expresándose con honestidad y despreocupación. Una salida momentánea del vasto armario. ¡Cuán bienvenida!

Los mirones del sector oriente de la capital brindan con champaña barata, puchos y música.
"love life", "Lullaby", "Alma Matters" y "Catch" gatillando los efectos del deseo.
-"I used to sometimes try to catch her(him), but never even caught her(his) name".
-La vista es una hueá muy mágica, te pueden sacar todo el rollo interno, saber si estás mintiendo, tus deseos más profundos.
-y por eso es que te reconocí Rorrito.
-hay que brindar...
-brindemos por el Adonis que nos unió esta noche.
-Por lo inalcanzable que es jajaja
-¡Por él!
-¡Por ti!
-¡Por nosotros!

-mira, yo sé que no nos conocemos mucho, pero cuando te sentaste al lado, algo me causaste.
Como un combo en la boca del estómago y quiero saber cómo se supera esto.
-déjame darte un beso. Esa es la única cura.
-pero ¿Y si me arde más de lo que ya me está irritando? ¿Y si me haces daño?
-al menos tienes que intentarlo.
-hazlo.

El resto es imaginable. Resumiendo, se besaron, saborearon y sorbieron los labios. Se tocaron, relamieron y abrazaron. Así enroscados, fundidos en uno desde el torso, las piernas y los pies.
Quedaron abrazados, hechos brasa. Y les gustó la sensación. A Rodrigo le fascino lo que Raúl hacía, donde antes solo dedos habían explorado.
Y continuaron o al menos lo están intentando.
Ya Rorro no teme caminar de la mano con Raúl.
Quién sabe, quizás algún día se atreva a besarlo en la calle con luz de día.

Rodrigo no resultó tener el culo velludo más redondo y parado del mundo. Raúl no tenía un pene colosal, más bien normalito. Rorro tenía la mitad de las muelas cariadas y aliento a tabaco. Raúl un colmillo de más. Rorro era un enclenque. Raúl las carnes bastante sueltas. Rorro nunca leyó gay en una novela o película de culto sin sentirse temeroso. Raúl no era el prototipo ideado de su compañero, y éste, nunca tendría ni la mitad del dinero que ganaría el abogado al titularse. No vivían cerca, no se dedicaban a labores similares. Rorro era algo amanerado. Raúl era desaliñado.
Y el vino esa noche bebido, nunca fue pagado.

Pero digamos que hicieron un pacto de tolerancia y se descubrieron tal cual eran en la cama, las citas y el desayuno. En la convivencia se gustaron, se apreciaron y encariñaron. En el camino de la facultad a la casa, de la pega a la casa -sin pasar más por el parque- telefoneándose, hablando por Whatsapp, cambiando el ánimo, floreciendo entre la resequedad de una urbe colérica. Sonriendo entre la abulia y la desesperanza.
Anularon las miradas severas e indignadas, de aquellos que no tienen siquiera mente para comprender lo que no es preciso ni decir.
No importaba realmente si fracasaban en su intento de amar. Era irrelevante si llegaban a los seis meses, al aniversario, a los tres, quince o a una vida juntos. había un triunfo cotidiano. Una victoria sobre la vida previa, un nuevo comenzar, o una nueva cosmovisión. Más dichosa, más plena.

Había asesinado finalmente al padre, madre, niñez, cultura, certezas, armario y caretas.
Era al fin quien siempre debió haber sido, para hallar esa esquiva felicidad, o al menos la calma, sin reprimenda alguna.
Era un marica más, un hombre más.
Una persona como usted y como yo que tomó decisiones, falló y en este caso, acertó de manera innegable.



<<Era todo tan simple ahora. Había mentido. Lo formuló en una frase. "Se había alimentado de mentiras" Pero las mentiras son el alimento natural de la niñez y las había devorado con avidez>>
-Forster E.M. Maurice. pág.58. Inglaterra. 1971-


sábado, 25 de abril de 2015

Mi antropófago deglutido


Afanosamente
clavas las uñas en mi carne

Antropófago bestial
Desprendes mis costillas
Como si fuera mi ropa interior
Con calma histérica
Inyectas tu sonrisa criminal
A modo de anestesia poco efectiva.
Noto la retirada de tus colmillos
exponiéndome los huesos.
Y luego cada tortura
Nada pasa desapercibido
Y quedas progresivamente
-decadente- en evidencia.
Sangro, caníbal mío.
Como si fuera sudor discurriendo,
Empapando mi camisa 
De un rojo ferroso y visceral.

Ni tu lo resistes,
Ni yo creo poder aguantarlo.
Era tan sencillo engañarse
"Lo hace por amor" "Es el disfrute mutuo"
Pero en tu vileza, solo tú hallas regocijo.


Prisionero en tus fauces

ideé mil y una formas de matarte...
Ninguna efectiva.
Hay que controlar el espasmo
  Para poder clavar la daga definitoria. 
No fui capaz de cruzar tu grasa.

Si desprendió el corazón
¿Dónde puedo atacar?
Tu cerebro, pensé
Pero ya lo habías vaciado
Me vi indefenso y a tu merced 
-para variar-
Seguías salivando 
Empapándo(me)te en mí.
Para deglutir hasta mi última pestaña
Enroscados en la cama.
Y aún tu dominación
Tu ansia desgarradora
Yo también te probé
Te devoré la pudicia y la razón
Te convertí en una alimaña sobre-excitada
Y deglutí hasta el último 
reflujo pasional de tu alma podrida.

¡Quién lo diría!
Fui más fuerte, o en todo caso más astuto:
Sólo bastó un burdo plan,
Carne fresca sólo para ti.

Can insaciable
Ya no fuiste más el perro guardián
Mermando mi avance
Comiendo, lamiendo y exitinguiéndome
Lenta y sádicamente.
¿Te acordarás cómo actuaste conmigo?
Cuando se me acercaban
-cual si fuera tu posesión-
Aullabas y gruñías vil licántropo
Pero no eras tan rudo ¿Verdad?



Y al único que te atrevías a morder
-¿Quién habrá sido?-
Aprendió a engrosar el cuero para sobrevivir
Desarrollé espinas, zarpas y escamas. 
Aun así fue un proceso lento y tortuoso
En el que por lo general perdí
La dignidad, la independencia y el orgullo.

¿Te acuerdas como succionabas
La alegría de mi torso?
¿La dicha entre mis dedos?
¡La juventud de mi entrepierna!


Entre almohadas y agasajos
Cual romano
Exigiendo "los mayores y mejores",
Siempre irás un paso más lejos 
En tu patológica violencia
-Sed irremediable de sangre-
Sádico crónico. Irreflexivo y pélvico

Mi carne extraña, por desgracia, tus labios
Mis rincones quieren ser masticados.

¿Será por eso que me hice a la costumbre 
de morderme las uñas?


Ave Caesar Morituri Te Salutant

viernes, 24 de abril de 2015

Moral desviada


Quizás me volví del todo inmoral, ¿Dónde están? ¡Dónde perdí mi dignidad! Ay, que me lapiden -no sucederá porque soy varón- Tal vez me convertí en un adultero, en un cerdo traidor. En un estúpido incapaz de practicar monogamia. ¡Quisiera conocer cien hombres en mi nación Que hayan respetado intachablemente los compromisos Anti-carnales de ese amor estable! Ay que me ardan en la hoguera y mis costillas se hagan braza Que incendie la literatura erótica toda, propagandista del libertinaje.

¡Qué ardan los chats y el tinder! Que se eleve -como antes- el matrimonio

Pero que esta vez las damas, puedan lucir sombreros

Y no ya esos enormes cuernos a los que se acostumbraron.



Sepan -y no olviden, por favor- el motivo de mis prácticas. Yo no pertenezco a esa doctrina, La que sitúa la dimensión de los cuernos que ha de cargar la pareja, Como símbolo inequívoco de la virilidad propia. Soy de los que cree que a mayor infamia, menor calidad y cualidad humana. No soy una alimaña pélvica sobre-excitada, solo soy presa de la tentación. Miré el fruto prohibido, lo palpé y me lo tragué entero. Solo porque estaba vetado y me gustó. No así las consecuencias ¡Ya pagué señores! ¿Puedo volver a sentir mi dignidad? ¿Y por qué ahora me ofendes? ¿Se te olvidó como nos conocimos? Que antes de hablarnos en profundidad ya tenías mi falo en la boca. Así fue. ¿Y vienes ahora con aires moralistas a juzgarme? No sirve la moral predicada con el pene en la mano Y puedo figurarme tu imaginario obsesivo. Me imaginas abierto de piernas -extendidas en ángulos imposibles incluso para ti- Tendido en níveas sábanas de oro bordadas por manchar, Recibiendo caricias con la lengua y pellizcos con los dientes Húmedo y mojado, drogado y extasiado, Sonrojadas las cavidades y protuberancias. Salivando como bestia en la cama Casi sangrando ¡Para esto tu mente siempre fue fecunda! Sí, lo asumo. Te cagué, pero deja excusarme Lo hice para ver por una vez, Por un momento mínimo Alguna emoción en tus álgidos ojos. Y todo indica que funcionó. ¿Qué haremos entonces? ¿No fueron acaso dulces y más relevantes los tiempos dichosos, Que esta miseria pasajera? Allí de nuevo tu afán de generalizar ¡Si por eso fuera! Condéname, anda, ¡lapídame y árdeme en tu pira! Sentencia mi muerte en tu sacrosanto tribunal En el que -tú- el juez incompetente y ciego Jamás falló, nunca olfateó otra carne Ni cayó presa de instintos hirientes. Yo me pudriré en la resolución desfavorable -desde la defensa misma-, Expiraré y temblaré. Pero tú, putrefacto en vida Serás el único derrotado. Yo, en el último suspiro, Reiré frente al verdugo Imaginando tu desgracia.




Ave Caesar morituri Te Salutant




jueves, 23 de abril de 2015

la ambivalencia en la vida

(01:00)


¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este?
¿Qué hace un santuario como este en una alimaña como tú?
Disculpa que insista. Eres lo mejor que me ha pasado hoy
¡Lindo día debió haber sido!
A decir verdad este bar te queda grande
Y bien. ¿Podría conocer el nombre que sintetiza lo sublime?
Eso, sonríe. ¡Vamos bien!
¡Dame tu número luego pos’ mierda!
Rayen. Increíble, hasta tu nombre es hermoso
¿Quién rechucha se llama Rayen?
No te rías estúpido
¿Por qué soy tan adulador? Buena pregunta…
Porque ando caliente y no tengo sexo hace más de seis meses
Y tú pareces suficientemente fácil.
Tengo la ciega esperanza de que mis palabras románticas
-pestilentes a estiércol-
Suavicen tu rechazo inicial.
¿Qué bebes? ¿Bailas?
Está prendida, pero no es suficiente
¡A emborrachar a la tonta se ha dicho!
Descuida, yo sé que no me conoces.
Te invito un traguito y conversando nos conoceremos.
O en la pista de baile
Bien apegados mientras aumenta tu ebriedad
Y liberas los candados de tu entrepierna jugosa.

Y pescó el anzuelo. Y se bebió dos whiskys
-la marca más cara la muy maraca linda.
Me preguntó lo necesario para recién bailar conmigo
¡Qué hombre afortunado soy!
¡Qué dicha entre mis brazos!
¡Espléndida evocación!
Ni que fuera la media mina ¡Enana teñida!
Me acerco a sus totipotenciarios labios y no los dejo ir más.
Por favor lava tus dientes más seguido.

Noche inolvidable tras el baile y posterior coito en el dormitorio de él.
(En la casa de sus padres)
Luego Camilo Sesto, Raphael y Miguel Bosé:
“Vivir o morir, morir o vivir pero contigo (…) si quieres ser mi amante”
“Yo te amo tanto, yo te amo tanto yo”
“Te amaré, te amaré como no está permitido (…) Como nunca se ha sabido”

Y continuaron las citas y encuentros; en un carril inequívoco
Directo al corazón.
A la unión de ellos.
También ella, dubitativa, ansiosa, dichosa y enamorada.
Jeanette, Rocío Durcal y Ana Gabriel:
“Con qué derecho me haces temblar cuando te acerques a mí sin hablar”
“Amor lo nuestro solo fue casualidad, la misma hora el mismo boulevard”
“Y la verdad es que estoy loca ya por ti (…) Que tengo miedo de perderte alguna vez”

Luego (al par de años) tañeron las campanas
Las alianzas fueron selladas
El arroz arrojado y los pétalos de rosa
Dichosas nupcias.
Vino el primogénito
La del medio
Y el conchito
Todos crecieron, solo resta el veinteañero en el nido.
Treinta y más años de matrimonio.
Amor, problemas, penurias, rutina y convivencia.
Pero aún juntos.
El amor era más fuerte.
Hasta ese entonces cuan bella la vida juntos.
Pero todo imperio cae
Y los castillos se derruyen desde dentro.


-Evitaremos la majadera disputa previa de varios meses-.


(14:30)
Ya me aburriste. Te vas de esta casa hoy mismo
O tal vez a fin de mes, no hay problema
Sin peros. (Estallando en cólera)
¿Hasta cuándo hueón?
¡Hasta cuando!
Rechuchetu… padre de mis hijos
¡Ándate! (arrojando la ropa sin lavar a la cuneta)
Por favor no te vayas así.
Aún te amo
Y no entiendo cómo llegamos a esto.
¡Ya hiciste suficiente daño!
Y aunque quisiera que no detengas tu corrosión
Esto se acabó y punto.

La flor marchita pero nunca muere.

Eterno duelo hasta el último día.

“Hasta que la muerte nos vuelva a separar”

Aviso de utilidad pública


Comunicado #1


Me caso, cazo y canso
Todo el mismo día
Próximo cuatro de abril
¡Quién lo diría!

Están todos invitados
Con esto me refiero precisamente a todos:
Madres, padres y parientes de ambos
A las horribles tías que nunca te conocí
Las que destruirán mi atuendo
Con lenguas como garfios
Y sonrisas sedosas
-que tienen permiso de quedar sebosas con la comilona-
¡Será en grande! –Así se evita el pelambre-
(Único consejo útil de un primo recién divorciado)

Invitada de honor:
La vecina que murmuraba cuando pasaba por su lado
(Audífonos ceñidos y en pausa)
Para oír los rumores prejuiciosos
Todos ciertos sobre “mi condición”.
También está invitado el vecino del #563
Con sus eternos comensales
Cantantes de Karaoke de 01:00 a 04:00 am.
Está convidada la vecina de ancas inconmensurables
Y la de senos como melones maduros
La chillona; la de los siete hijos;
Y la de pelo rosa, verde y púrpura.
El vecino que lava el Peugeot al salir y al llegar
Y el dueño del poodle toy que levanta sospechas.

Todos invitados sin excepción.
El vecino fan de Arjona… qué más da, venga
O usted que me insulto en Ernesto Pinto Laraguirre
En compañía de “los rudos” yo con los míos…
Todos deben venir al acto cívico
Y entonar la sinfonía marital-marcial
Saludando a la bandera heterosexual.

Comunicado #2
Senté cabeza ¡Si señores!
¡Cómo se alegraría mi padre!
Si no lo hubiera aniquilado
¡Cómo lloraría dichosa mi madre!
Si supiera donde está.
Con los antecedentes  de separaciones e infelicidad conyugal…
¡Quién lo diría! ¡Ni yo me lo creo!
-¡Por algo será! (alguien murmura a mis espaldas)

Con mi sueldo mínimo iré al banco
O a una #$#$# del retail
Y obtendré –gracias oh Dios- un lindo crédito
(Cómodas cuotas sin tanto interés)
¡Y tiraré mi hígado, la casa, Santiago entero por la ventana!

Habrá barra libre, canapés, cóctel, cena
Y postres por doquier
(Dispensador de preservativos en el baño)
-las damas pueden solicitar “la píldora” en recepción-
Incluso habrá jabón perfumado en los lavabos.
Se hablara por años de mi matrimonio
Civil.
La iglesia no me simpatiza tanto.

En el parte se anunciará:
“Le invito a mí solemne boda
Atuendo formal, semi-formal o sport
De todos modos sudará –con el baile-.
Deje la vergüenza y la sobriedad
Tendidos con cuidado en el ropero.
Se ruega puntualidad
O se perderá los aburridos brindis
Y los animados ¡Salud!
Le esperamos.
Afectuosamente, la pareja en cuestión.”

Comunicado #3
Mi deliciosa y amorfa juventud
Con treinta años me entrego
En nupcias neuróticas e incastas
Todos pueden-deben venir
Exnovias, novios, andantes, amantes
Y seres sin nombre besuqueados
En la confidencia taciturna de una noche.
Cuando digo todos, eso justamente quiero decir.
Tú que te diste cita conmigo antes de una fiesta
Y tras dejar media cerveza servida –y pagada-
Acabaste quién sabe dónde con cuántos adentro –o fuera-
Y no llegaste a la despedida.
Tú que me plantaste
Y no fuiste capaz de enviar un misérrimo mensaje de texto.
Pero qué más da, están invitados/invitadas
¡Después de todo quién no ha jugado el rol del villano!
Y esto va para ti en particular…
Disfruta tu integridad, embalsámate en ella
¡Todos brinden!
No dejaste que pasara. Bajaste el marrueco
Expusiste lo que yacía- Luego se henchía-
Y nunca volviste.
¡Estamos celebrando, brinden!
Por las nupcias del tabaco
Las humaradas verdes
Y la humorada etílica de esta novelística noche.

Palabras para quien dijo no –a la petición manual-
Palabras para la persona escogida (en esta boda)
Que dirá que sí y aguardara un sí de vuelta.
Pero nada es nunca así de sencillo.

Comunicado #4
¿Compañía para siempre?
Me revelo ante la tiranía monógama
Me revelo a la quimera de la estabilidad –fidelidad-
Al azote de la rutina y el sexo sin pasión
A la exigencia de roles y la pasividad de acatar.
Creo en “YO” padre todopoderoso
Intérprete de todo cuanto me circunda
Y en la configuración volitiva-azarosa
De lo femenino-masculino.
Pero tengo miedo, terror de estar solo a los cincuenta
-de estar vivo-
Y es por ello que suscribo este contrato
-espero no arrepentirme ad portas-
Alianzas, argollas, anillos, aros, circunferencias, cavidades, agujeros, entradas-salidas
En nuestros dedos
¿En nuestras almas?
Nunca lo sabré y nunca lo sabrás
Pero he allí el pacto ante la ley humana.

Entonces tu mi amor varonil
-yo varón- ambos viriles y barbones
-yo más bien lampiño-
Ansiosos de amor nos entregamos
(Más allá de recto-falo-boca)
Y concretamos vínculo esta vez ante notario:
“Acuerdo de vida en pareja” ”Pacto de unión civil”
Quién sabe que otro sustantivo-eufemismo idearán
Para no llamarnos matrimonio.
Es cierto. No nos reproducimos ¡Pero es claro que tratamos!

Comunicado #5-y final-.
¡Que el sacramento siga apolillándose!
En los ignominiosos armarios-confesionarios
Y que la errática interpretación de la palabra del señor
(Autores HUMANOS varios)
Se apunte en el papel sanitario
-Luego sea este utilizado en lo que guste-
Mi amor escapa de la vasija -Matrix
Se derrama como el vino -Mundano
Impregna mi entorno –aparte
Si alguno de los célebres invitados
Consiente asistir a mi AVP, PUC, AUC, LGQS*
(* La güeá que sea)
Le esperamos con tragos y serpentina
Solo traiga su obsequio de la lista, pétalos y arroz
Sus buenas intenciones y vítores
Porque señores me caso, cazo y canso
Con el hombre que me escogió (fue mutuo)
¡Están todos invitados!
-Y al decir todos me hago cargo-
¿Se sumará pues a la dionisiaca jarana?
Sensible soy y le aseguro nunca lo olvidaremos.
Sin otro particular
Afectuosamente

El novi@




Ave Caesar Morituri Te Salutant

Muerto a la cabecera





Algunos dicen -relativo al fallecido-
Todavía no se ha enfriado 
Y ya le están pegando en la nuca
Lo cierto es que yacía
El cuerpo de aquel hombre.
La perpetua esposa llora los rincones
-A solas para no parecer demente-
Aun así derrama goterones
Y parece que se deshidrata
Que morirá también.
Mas la parca ya amputó el hilo vital
Y cortado ya nada volverá a unirle.

En concreto dos meses ha transcurrido
Y la mujer aún tiene grabado

El perfume del finado.
Y en los oídos martillando
El eco de su grave súplica:
"Yoya" "Yoya"
Clamando.
Exigiendo prendas impolutas y planchadas
Forzándole al coito los fines de semana.


                                                                 En las fosas nasales
                                                              Pero aún quédale su prole
Los que ya suénanse y aséanse por cuenta propia.
Los que tienen estructuras de vida alzadas
Ella es el puente quebradizo
Al cruzar se halla el mundo
Ese siniestro recoveco fuera del hogar
Poblado de hedores que no son Robín
Y bocas parlanchinas de lenguas afiladas
Que no besan como él lo hizo
Hasta hace mucho antes de la partida.
¿Cómo vivir un duelo con el cadáver cenando a la cabecera?
¡Cómo! Si está a tres metros suyo 
Y no tres metros bajo tierra.
Desde la tumba seguirá clamando 
"Yoya "Yoya""
Porque eso fue la vida,
Un directorio sacrosanto 
 Y una asistenta infatigable
Ducha en labores hogareñas,
Y terca al amar.
¿Dónde tus escasas cejas pobladas de canas?
¿Dónde la incontinencia urinaria y la demencia senil?
¿Mí invalidez?
Todo ello róndate Gloria
Bien lo sé
Y aquel cáncer sobre-sintomático de su ausencia
Te lleva a convalecer cada día un poco más
    ¡Si tan solo fuera cirujano!
Pero el único escalpelo que sé usar  
es la afilada pluma trazadora de textos.

La monarquía caerá -al fin-
Cuando no queden súbditos
Rodeando al rey
Cuando lo llamen hombre
(Si es que alguna vez lo fue)
Tendrá que abandonar su sitial
Y entonces tú mujer lo verás
-Y no lo reconocerás-
Demacrado y pestilente
A treinta años sentado
Garante y productivo sin dudas 
Sentado y hediondo a trasero al fin y al cabo.
El duelo es eterno
Mientras se conserve ilesa la memoria.
Pero te pregunto mujer incansable 
-Madre de perpetuos cuidados-
¿El cadáver fue tan bueno como lo idealizaste?
Entonces en plena libertad
De juicio define.
¿Honrarás vestigios de humanidad o profanarás
-como es debido- al falso ídolo?
Pero por favor decídete mujer
Que el vaho a muerte 
Se percibe desde la esquina
Y el roble tapizado luce más
Sin el fiambre montado
De lunes a domingo.
Sólo eso quería decirte 
Dama histérica en su total entrega 
Valiosísima eres. Considéralo.
Y no estarás sola en el cortejo
Yo llevo la pala a cuestas 
Y ya me pesa.





Ave Caesar Morituri Te Salutant