sábado, 11 de julio de 2015

Un día como este


En este país ¡qué va a cambiar?
Se modifica un paisaje sobre el óleo
más rápido de lo que lo haría un hombre
-de hueso y carne pélvica-.
Los machitos de la esquina
y los de esta cuadra
seguirán siendo eso y nada más.
piensa el único hijo
que aún vive
en el seno de una familia tradicional
(conservadora, seudo-católica, homofóbica
moralista, clasista o desclasada
y auto-definida como "no tan racista")
mientras da rienda suelta a sus divas
en los audífonos del celular.
Quisiera poner el alto parlante y bailar
pero no está solo,
levanta suficiente sospecha
con ese peinado y el arete
en la micro que va a Recoleta.

Y de hecho los ve, allí están en la plaza
poniéndose coquetos entre ellos
los machos del colegio al que asistía
con el alcohol actuando en el píloro
Riéndose del mariquita de la casa del frente
burlándose y desafiando a la lesbiana
a probar un poco de su ...
como si tuviesen algo para entregar
una neurona que prefirió el suicidio
una inteligencia frustrada
ante la preeminencia del falo
de todos los labios y las tetas.

Él es inteligente
vaya imaginación que tiene
este hijo menor,
idea encuentros fortuitos
mientras recorre el pasaje principal
que conecta con el pasaje
del pasaje que lleva hasta su casa
Y ve como ellos saltan a su cuello
como animales brutos de la calle
pero nunca ocurre,
por más que lo desea.
Imagina que lo acosan
que le llaman maricón
y de entre tres intentan humillarlo,
pero siempre es más fuerte
siempre triunfa
y le da una lección a nadie
a quien quiera,
al barrio
"que no se metan con los homosexuales"
eso imagina
pero le tiembla el puño
y le tirita la voz
con solo encontrarse en el camino
un piño de flaytes borrachos.

Se arroja al sillón de cuerina gastada
su madre reprende tal acto de insurrección
su padre está quién sabe donde
es un alivio la casa
con solo dos almas frágiles
ríen a ratos
miran la televisión
acto familiar por defecto.
Noticia de último minuto,
se ha aprobado en la cámara alta
el Acuerdo de Unión Civil
Se acaban las risotadas.
El se sonríe como idiota
ella se escandaliza
por las denigrantes imágenes alusivas.

Le aconseja que no se exponga
que nadie necesita saber lo que le pasa
-lo dice anhelando que se cure-
le dice que lo quiere y le besa la mejilla
pero eso no dice nada
bien es sabido que ese gesto es polisémico.

El viejo está por llegar
con las manos agarrotadas y endurecidas
muerto de frío
ansioso por comer
Siente las llaves en la puerta
se encierra nuevamente en su pieza.

¡puta que estoy cabriado...!
comenta el hombre.
Es comprensible
no solo por el pique,
también por las responsabilidades
que tiene tatuadas a la piel curtida
pero eso es todo lo que comenta
se acostumbró a hacer, no a hablar
ella nunca lo entendió
y sigue su chachara interminable.

Cada cual en su refugio
donde nadie puede herirte
eso es el hogar...
soberana mentira
y no hay donde escapar
los brazos amados
único consuelo.
La soledad es drástica
trae a los fantasmas a la casa
los dispone en los muros
sobre el armario
y entre las colchas.
se sigue oxidando la bicicleta en el patio
cae una lluvia tenue
no alcanza a limpiar
el agua lo purifica
casi todo.

El conchito empuña el miembro
entra a internet
ya la pronografía le está aburriendo 
entonces entra a una página distinta
encuentra un hombre
de tierras lejanas
bien dotado, linda barba
se sonríen y dialogan lo necesario
¡bendita sea la webcam!
acaba entre su palma
ya casi no siente culpa.
"Falta tan poco,
ya podré irme a algún departamento,
ojalá en Providencia"
sueña apretando los ojos
como si eso lo volviera concreto
solo dos años más
ya todo terminará.
Desea que algún día
no existan más los roperos del sexo
se imagina en la cabeza
de una furiosa revuelta
quemando los closet del mundo
besando todos los hombres
que alguna vez deseó,
se acuerda que vive en Chile
se acuerda que ni lo intentó.
eurocreme
La noche es aburrimiento para todos
Sobre todo para ellos,
en el dormitorio paternal
Ya ni se buscan
no hay nada nuevo que encontrar
aunque se esfuerzan
siempre aparece un nuevo defecto
una nueva cana.
Miran a las modelos, el reality
Y el cree que es cada segundo más viril,
esos en que contempla las curvas abundantes
juega a ser adolescente
todo sigue en caída libre
curvas
-que aquí escasean-
aunque existen
son más bien las capas áridas y desechas
de una carretera olvidada
allá en la barriga tan alimentada
que albergara tanta boca por rellenar...
ella piensa,
¡y pensar que algún día con solo mirar se le paraba!


Mientras el macho y su fiel concubina
siguen viendo en la cama
el partido de fútbol
de hace tres años
y las risas vienen
del Morandé con compañía
siguen
y seguirán pasando por alto
cuando coreen
"a escondidas tengo que amarte
a escondidas como un cobarde"
el potente significado de los vocablos
y llorará ella,
la que lo da todo por sus hijos
la que es primero madre
-hasta que surge el maricón en casa-
al escuchar
"amigos simplemente amigos y nada más (...)
y que al cerrar la puerta nos amamos sin control"
Cuando ya no ama
y no es capaz tampoco de ser amada.
Qué terrible es eso de abortar
¿y si a la chiquilla la violan?
pero no, la vida es lo primero
piensa, la señora
mientras su marido la penetra
-logro sonsacado del hartazgo-
en contra de sus deseos y voluntad
cuarenta años juntos
Se oye un quejido desganado y tosco
en la habitación
¡A quién carajo le importa la voluntad!
casi como un ronquido
claro, lo es
el amante ideal se durmió
y parece que acabó.
Pero nada acaba
jamás
Hasta que la muerte les separe.


¿Y finalmente quién, qué es degeneración?
Pregunta reflujo
de niño perplejo, de 6 años
de adolescente desafiante, de 15 años
dé-jà vu
adulto joven, sexualidad apropiada, 23 años
no hay con qué careta responder
se quebraron
están desnudos
son torpes
dejaron la máscara y el antifaz
son humanos
amorales
anormales
herejes
impotentes
infames
incultos
insolentes
los padres
él hombre,
la mujer
el matrimonio.
Después de todo quién iba a sospechar
que Dancing Queen
también era un marica contento.


Ave Caesar Morituri Te Salutant


jueves, 11 de junio de 2015

A metros del andén colmado


La plataforma en colapso, colmada
Un hombre más y desataría la histeria colectiva
Por eso me retiro
-o eso prefiero hacerte creer-
Por mi perpetuo afán pacifista 
-o como quién dice "no quiebra un huevo"
Pero los rompe todos-.

Qué corre a toda prisa la maquinaria
Qué se te pasa el tren
Que se te va la vida...

Imaginó usted un tren tipo ferrocarril
Marcha lenta y tortuosa
Ambos corriendo hacia la división de vidrio y metal
-vapor y humo anegan la estación-
¿Dónde está la otrora promesa de la felicidad?
-fuimos desasociados Honoris Causa-
(Las maletas cargadas y ese alguien no las precisó)
¿En el vagón... o en el andén!
Lo que pudo ser 
Y lo que no pu(e)do evitar(se) ser(fue-será)
Y recuerda el "Tranvía Llamado Deseo"
(y el desenfreno de poseer a Brando)
Y a su mente viene "El Secreto de Sus Ojos"
Narnia y un sinfín de referentes
-que le han hecho llorar de alegría angustiosa-.

Pero permítame aniquilar la utopía,
Lo que se aleja de la zona de espera
-el Quijote dorado no era ni de cobre siquiera-
Es una máquina subterránea en el mejor caso
En el real,
uno de los levitatorios magnéticos del Japón
(zuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuummm)
Es que todo era el momento
 (un sucinto momento)
Y las pupilas en la memoria luchan por retenerlo.

¡Cómo pudo ser tan sublime!
¿Por qué me quema después de tantos años
el mismo vacíodolor agrio?
Fue un parpadeo
Este su valor
Diez segundos de puertas abiertas
Y un hermético cierre mecánico
De años enteros.
¿Y luego el libre albedrío?
Dispénseme
Hoy no me colgué el cartel de huevón

Por eso me enorgullece(ía) el flash
Me jacto hasta el hartazgo y la náusea 
De no haber sido tuyo
Y por dentro la idea de tenerte...
¡Me hace mierda!
...la idea de nunca concretarlo (...)

Pero algo me enseñó el viaje
TRACAtracaTRACAtracaTRACAtracaTRACA
-es el ritmo que lleva mi reloj biológico. ¿Lindo no?
Dice más de lo que nunca se enunció 
(entre los dos, entre los santos y entre toda la humanidad)
Que los escenarios confeccionados
para tan burda representación:
-Locomotora Expreso de Hogwarts o Polar-
Nuestro ficticio ritual de primerizos
Insuperable
-Lata de sardinas económica y santiaguina-
Mas nada valió y se ahogó
Con su noble lengua el verborréico orador
Murió con su machete oxidado 
El ávido limpiador de bananales.

Nos subimos/sumimos pues a la eterna agonía 
Dos veces (o más) por día
Los rostros abúlicos.
Plataforma Nueve y tres cuartos añorada
"Trainspotting" the whole fu**ing day
Pero infestada de dementores
Nos fuimos desnutriendo
En medio de un "Final de Juego"

Tal vez siempre fuimos de esas criaturas cenicientas 
Las que engullen la felicidad ajena 
Como si fuera un Chirimoya Alegre.
Y no hallamos más en nosotros mismos, 
La plenitud jocosa
Ni entre el carro sobre-poblado.

Resta entonces el único consuelo de la obsesión
Por eso escribí hoy
Mirando como estúpido en trance,
El reflejo de lo que parecía tu rostro
En los vidrios del Metro,
tu cara intacta, como de porcelana
(o mazapán para morder)
Y quise arrancarla con un bisturí
(o a costa de lamisco y mordidas)
Sustituirla por cualquiera
-utilizaría la mía si no fuera tan deprimente-
De tanta mueca ajena...
A ver si al fin aprendemos a amarnos sin pompa
Sin siutiquerías ni danzas fértiles
Sin tabaco, alcohol y marihuana
Sin actos ni escenas, ni cuadros
Ni rimas de mierda predecibles.
En pelotas total.
Realmente al desnudo en lo hondo del término.

Pero ya me tenía que bajar 
Y ninguno tuvo jamás humildad 
Ni el don de la paciencia. 


Ave Caesar Morituri Te Salutant


viernes, 1 de mayo de 2015

Esto soy, aquí me quedo. Si gusta puede quedarse


Sentí nuevamente- tras meses de ausencia- el cruel deseo de que el tiempo se detuviera;  no para frenarlo a voluntad, solo quería que la sensación no cesara: que el placer alcanzado en la ejercitación de las mandíbulas y los párpados no sufriera el irremediable destino de pertenecer perpetuamente al ayer  y no al presente. Tampoco ansiaba el futuro, ese despuntar histérico de las horas. Solo añoraba ese “ahora ya” que significaba tener los labios suaves, tersos y húmedos tras esos besos que sabía no volverían a ocurrir en un largo tiempo. O peor aún, nunca.

Pero una vez más Kronos escupiendo y salivando devora a Eros y me noquea de un certero golpe bajo.    
Primero quedé estupefacto viendo cómo se alejaba -a tan sólo horas de abordar el vuelo- sobre la micro el objeto de mi indomable deseo. Pero luego, cual can patiperro una parte de mí salió disparada ladrando y clavando mis colmillos en los neumáticos. Quizá fuera mi última oportunidad  y detendría en definitiva su partida. Craso error. Un mortal desafiando al vil Titan y al                                                                                                             resto de los dioses. 
Mi cráneo entero casi resulta arrastrado en la acelerada huida del bus por la avenida. Se iba. Nada que hacer.

 
Entonces me senté en el paradero y pensé: en       resumen ¿Quién salió victorioso? Y allí fue que   caí en la cuenta del indiscutible triunfo del deseo y la pasión, vencedores de las circunstancias y     vaticinios cronológicos.
Y si bien él se fue a su país natal concretamos y sellamos tres semanas de una mutua comprensión psicológica y una interacción física exquisita. Sublime.
¡Oh cómo extrañaré! ¡Cómo añoraré ese pecho amplio y generoso y sus brazos rodeándome la espalda, entre mis manos y las nalgas o enredados sus dedos en mí pelo!
¡Cómo me hará falta ese aroma sobre su cuello y luego sobre mi piel tras besarnos desenfrenadamente!

 ¡Cuánto gozamos!¡Cómo reproduciré en mi memoria –y mi palma derecha- las fricciones y mordiscos y los acabar tan placenteramente!
De seguro no regresará por mí. ¡Un robo tan descomunal a la miseria! –El hurto de la felicidad pasajera- ¡Qué días le robamos al tiempo! ¡Qué tarde vinimos a conocernos! –En esa absurda y magnífica tarde de frases azarosas, un cafecito y el recostarse en el pasto conversando para aplacar esa cómplice tensión      sexual-
Y aunque todos saben que más vale tarde que nunca, el patológico capricho me corroe.                       Los escenarios supuestos:
¡Si hubiera nacido en su país! ¡Si él fuese Santiaguino! ¡Si mi cuna hubiese sido de oro y pudiera seguir su vuelo! Pero esa no es la realidad.
Aquí me quedaré. Acá pertenezco yo. A esta ciudad que huye del tiempo –y en el escape corre a toda prisa atropellándonos-
Ingreso a la estación Baquedano aun mirando hacia atrás cada cierto intervalo. Sabiendo que no va a pasar.
Pero esto soy. Lo otro también. Y si usted gustó de mi compañía –como yo gusté de usted, claro está, le solicito una pronta visita.Y no tarde, se lo ruego o Santiago me va a devorar. 


Sentí nuevamente- tras meses de ausencia- el cruel deseo de que el tiempo se detuviera;  no para frenarlo a voluntad, solo quería que la sensación no cesara: que el placer alcanzado en la ejercitación de las mandíbulas y los párpados no sufriera el irremediable destino de pertenecer perpetuamente al ayer  y no al presente. Tampoco ansiaba el futuro, ese despuntar histérico de las horas. Solo añoraba ese “ahora ya” que significaba tener los labios suaves, tersos y húmedos tras esos besos que sabía no volverían a ocurrir en un largo tiempo. O peor aún, nunca.
Pero una vez más Kronos escupiendo y salivando devora a Eros y me noquea de un certero golpe bajo.    

Primero quedé estupefacto viendo cómo se alejaba -a tan sólo horas de abordar el vuelo- sobre la micro el objeto de mi indomable deseo. Pero luego, cual can patiperro una parte de mí salió disparada ladrando y clavando mis colmillos en los neumáticos. Quizá fuera mi última oportunidad  y detendría en definitiva su partida. Craso error. Un mortal desafiando al vil Titán y al resto de los dioses. Mi cráneo entero casi resulta arrastrado en la acelerada huida del bus por la avenida. Se iba. Nada que hacer.
Entonces me senté en el paradero y pensé: en resumen ¿Quién salió victorioso? Y allí fue que caí en la cuenta del indiscutible triunfo del deseo y la pasión, vencedores de las circunstancias y vaticinios cronológicos.
Y si bien él se fue a su país natal concretamos y sellamos tres semanas de una mutua comprensión psicológica y una interacción física exquisita. Sublime.                                                 ¡Oh cómo extrañaré! ¡Cómo añoraré ese pecho amplio y generoso y sus brazos rodeándome la espalda, entre mis manos y las nalgas o enredados sus dedos en mí pelo!
¡Cómo me hará falta ese aroma sobre su cuello y luego sobre mi piel tras besarnos desenfrenadamente! ¡Cuánto gozamos! ¡Cómo reproduciré en mi memoria –y mi palma derecha- las fricciones y mordiscos y los acabar tan placenteramente!
De seguro no regresará por mí. ¡Un robo tan descomunal a la miseria! –El hurto de la felicidad pasajera- ¡Qué días le robamos al tiempo! ¡Qué tarde vinimos a conocernos! –En esa absurda y magnífica tarde de frases azarosas, un cafecito y el recostarse en el pasto conversando para aplacar esa cómplice tensión sexual-.
Y aunque todos saben que más vale tarde que nunca, el patológico capricho me corroe.                       Los escenarios supuestos:
¡Si hubiera nacido en su país! ¡Si él fuese Santiaguino! ¡Si mi cuna hubiese sido de oro y pudiera seguir su vuelo! Pero esa no es la realidad.
Aquí me quedaré. Acá pertenezco yo. A esta ciudad que huye del tiempo –y en el escape corre a toda prisa atropellándonos-
Ingreso a la estación Baquedano aun mirando hacia atrás cada cierto intervalo. Sabiendo que no va a pasar.
Pero esto soy. Lo otro también. Y si usted gustó de mi compañía –como yo gusté de usted, claro está, le solicito una pronta visita.
Y no tarde, se lo ruego o Santiago me va a devorar.


Ave Caesar Morituri Te Salutant

martes, 28 de abril de 2015

Seguíme, te sigo

Capítulo I

Siguiendo los instintos ¡Cuán tiranos fueron! Decidí arrancarme de todo
-casi los pelos y la piel y las zarpas- de mi biblioteca ¡Oh, cuánto la extraño y anhelo! Huí de mi familia ¡Ya era tiempo!
Arrastré el reseco cordón umbilical desde la capital hasta la precordillera, hasta los andes nevados en sus cimas y depresiones lacustres cumbrereras y en la cordillera de los Andes, a cuatro mil metros sobre el mar lo corté y enterré entre el blanco manto que quema.
Me despedí de mis apuntes y de la facultad de humanidades, de los paros y marchas, pedradas, barricadas y llantos de gas   pimienta.
De los pastos y sus bebidas embriagantes, de los buenos e insufribles amantes (todos y cada uno, incluso los anónimos)
Mi Santiago amado. Te cambié por avenidas descomunales y el falo obelísquico ese.
Por irme al fin con el objeto animado de mis más hondos deseos y pasiones.
Lo dejé todo salvo el coraje y el orgullo (el cuero de chancho lo traigo a los hombros compartido)
Ese brío que me tuvo atado a este catre de una plaza y media que comparto con quién supuse el amor de mis días.
Las sábanas, eterna compañía de los dos- nos tienen acá en tu ciudad porteña, atlántica fundidos y tercos abrazados de almas y labios.
¡Y todo ha sido opio y un parpadeo frenético de un viejo TOC!
Y cuánto me provoca y contenta ser tu esclavo y tu mi posesión, al menos hasta hoy en este día enrarecido, místico y sombrío que lo trocó todo en esto. En el” qué se yo”.

 En esta prisión preventiva.
--------------------------

Posible inicio de una novela futura.



















Ave Caesar Morituri Te Salutant

lunes, 27 de abril de 2015

Mirones del Araucano


Ninguno de los presentes sabía con algún grado de certeza, si eran las ruedillas, las sombras que proyectaba el farol central, o los torsos desnudos lo que mantenía a Rodrigo con las córneas clavadas en el Skate-Park del Parque Araucano.

Se dirigía allí cada día al entrar o salir de su pega en el Shopping, en esa tienda "atestada de maricas irritantes y trepadores sociales"
Eran sus palabras, pero él no era muy distinto y en una banca junto al complejo deportivo deleitábase con el vicio por los que como él habían sido chapados por la naturaleza.
La otra costilla era solo un hueso desabrido, quería todo lo demás. La costilla la dejaba sin tocar sobre el plato, para alimentar a las moscas.
Los contemplaba, rubios, delgados, castaños, todo músculos, viriles, cayendo, sudando, siendo irresistibles y completamente soberbios.
Tan masculinos como fuera posible, salvo por un puñado, el de los invertidos, que arremetían sus cuerpos en la patineta sobre las rampas y aun así cuan fácil engañaban la vista distraída.
Se fijaba en uno en particular y no le sacaba los voyeuristas ojos de encima. Si se accidentaba, creo, le dolía más él que al Adonis.
Llevaba un insolente arete en el lóbulo derecho y exhibía sin pudor el gastado bóxer azul a cuadros -de los que se llevan sueltos- junto al esculpido abdomen. Había hallado una presa de su fiel obsesión.

Y cuanto ansiaba rebanarles, mutilarlos, quitarle las alas en pleno vuelo a las rosas mariposas que se jactaban de su sexualidad, cuando él ansiaba tener tan sólo un poquito de esa libertad descarada.
Con su propia mano habría encendido la pira medioeva que calcinara a esos herejes no sin antes una intensa jornada de torturas hasta hacerles -infructuosamente- abandonar esa sedición pestilente de la homosexualidad.

Creía interpretar a la perfección el papel de heterosexual, pero no era cierto. A decir verdad se mimetizaba con los visitantes indeseados, más de lo que él hubiese querido.
Un par de veces recibió propuestas de distinto calibre, las que pese a haberlas concretado gustoso, prefirió ignorar, influido por una moral conservadora y un afán irracional de pertenecer a lo que él llamaba normalidad.
Creía que ese intersticio, esa ambigüedad indefinida, era el lugar más cómodo para habitar, pero era esa autorepresión la que acrecentaba la bestia insaciable que moraba en su interior.

Así que impulsado por su pasión ciega, se dirigió religiosamente al Araucano, para ver a su muchachito y el océano de testosterona que le rodeaba.
Siempre había tenido esa clase de comportamientos, a los quince no se perdía ninguna pichanga de barrio, seguía cada movimiento desde las gradas de la cancha y el sube-baja de los paquetes.
Capturaba, como si por ojos tuviera una cámara, la imagen ganimidea de los pendejos narcisos, y luego se dirigía a un rincón solitario a revelar los negativos. Ampliaba las tomas y con la mano libre se daba placer. Los cogía, los desnudaba y frotaba unos contra otros como si de muñecos de trapo se tratara, llegando hasta el orgasmo que cubriera pasto y tréboles de una espesa y blanquecina nevazón.
Concretaba la abominación, se traicionaba en lo más profundo. Pero era más fiel que nunca a su instintiva esencia.
Toni le decían, eso había logrado escuchar, no sabía más de él; y de qué manera moldeaba sus días.
Si no le veía su ánimo se iba a la mierda, aunque lo esperara el muy indolente no aparecía.
Celos absurdos lo consumían, el deseo de encararlo, de ver como se fracturaba una pierna, con el hueso emergiendo de su suave y tersa piel. Pedir las explicaciones del caso... ¡Pero cómo! ¿Quién era él para reclamar nada?

A veces fantasmas colosales lo acosaban, e impulsado por su consciencia escapaba a toda velocidad hacia la soledad anónima del mall.
Imaginaba que en cualquier momento lo descubrirían y se ganaría una paliza. Un tablazo de Skate en su espalda, aplastando su cráneo "por enfermo", pervertidor de menores y maricón. Lo cual cierto, casi cierto y muy cierto.
A decir verdad nadie se preocupaba de él. Le pasaban por alto creyéndolo un fanático de las tablas. Sus modales refinados, su buen gusto en decoración, y la vestimenta escogida, incluso su anatomía flacucha pasaba inadvertida.
Una vez por semana lo acosaba la pesadilla recurrente: Los tipos indiferentes un buen día lo interceptaban, y sin escapatoria como en un ritual pagano, los homofóbicos se harían cargo de él, faenándolo para sacrificio.
Con un pepino atravesado en la boca, atado de pies y manos era abusado con su consentimiento. Hacían de él un acopio inagotable de simiente chorreante y él tragaba como si fuese la esponja con vinagre entregada al cristo, la mezcla seminal.
Pero más allá de su somnolencia tenía claro que si la agarraban con él, no sería con sus abundantes y gustosos penes, sino con palos, camotes y skates.

Se creía solo en su juego de reglas claras y legítimas. Pero como todo conocimiento quedó obsoleto con el tiempo.
Fue un día miércoles en la noche, salía del parque echando humos, caminando al paradero.
La familiar sensación de ser perseguido le asaltó con mayor intensidad de lo habitual. Volteó. Nada, se sintió a salvo.
Solo a lo lejos, un joven de gafas e impecable montgomery, quizá estudiante de leyes, posiblemente castrado a diario por la madre. Ninguna amenaza.
Lo vio un centenar de veces, tal vez, pero no lo recordaba, tanto como él era un maestro del espionaje y el sigilo. Un mirón profesional.
Pero la sensación no lo abandonaba, apuró el paso. pegó los ojos a su espalda. El joven se acercaba.
Cuatro cuadras más abajo aun detrás suyo... "debe ser casualidad, seguramente no tiene importancia". Cinco más y aun detrás suyo.
Tomó un absurdo desvío que prolongo su camino, y efectivamente allí estaba siguiéndole el paso.
Rodrigo vio como pasaba su micro. "Quisiera escapar / como un venado herido / hasta Arkansas"
Y jadeante, con las piernas agarrotadas no la alcanzó.
 Entonces se sentó a esperar temeroso.
Creyó haberle burlado, hasta que giró la vista y como un mal chiste tenía clavado en el asiento contiguo, hombro con hombro a su persecutor.
Unos cuantos goterones salados discurrieron desde la punta de su nariz.
El muchacho le tendió un kleenex y se presentó.
-Raúl. Un gusto.
-en qué... puedo ayudarte Raúl.
-la ayuda te la di yo. Miróncito...
-¿Disculpa?
-ya lo oíste. Sabes perfectamente que estabas haciendo...
¿podré saber tu nombre al menos?
-me confundes con alguien más. Y no me interesa formar parte tu acusación enfermiza...
-ojo de loca no se equivoca jaja, además yo si he patinado, y se nota a la legua que no vienes por el skate.
Se paró comprobando si venía alguien y subió el tono de la conversación.
-¿Qué te habrás imaginado hueón? Yo soy bien hombrecito con mis cosas.
-Porfavor no me faltes el respeto. Yo no lo hice. No soy ningún hipócrita y no necesitas fingir nada conmigo. Dime si no te parece irresistible como se balancea y comprime un oblicuo en una tabla.
-¿Cuál es tu problema? yo no he hecho nada, estoy siempre lejos. Invisible.
-por ahora. ¿Y luego qué? ¿No te gustaría concretar tus deseos obsesivos?
¿Cuántos años tienes?
-treinta y uno
-yo los suficientes, veinticinco
-me llamo Rodrigo. Trabajo en el Parque Arauco hace años, me fumo un par de puchos mirando como los cabros hacen deporte. ¿Tiene algo de malo?
-con ellos puedes mirar cuanto quieras, pero no tocar -dijo Raúl guiñando un ojo, él no manejaba los códigos no verbales, esa jerga de la seducción
-viene mi micro. ¿Subes?
-puta... no. Pero dame tu número. Mejor yo te doy el mío. Y se lo apuntó en la palma junto con una sonrisa :)
Ah, se llama Félix Chattrit y es argentino. Estudia en el British College. Si no está acá puede que haya ido al Bustamante. 
Adiós.
Salió caminando en dirección al parque.

Perplejo en el bus anaranjado del recorrido "barrio alto", molesto por toda la información sonsacada se sentó. Intentó retener todo lo que oyó. Todo lo relativo a Felipe. Tanta información que nunca tuvo. Repetía en murmullos como el niño que es enviado a comprar sin una lista escrita y llega sin los huevos. Repitió instintivamente ese nuevo nombre: Raúl.
Hiló mas fino. Si no hubiese abandonado Maurice de Forster a medio camino, habría comprendido.

<<No se dijo más en aquella ocasión, pero él se sentía libre en otro campo, y en un campo, además que nunca había mencionado a persona alguna. No se había dado cuenta de que podía mencionarse y cuando Durham lo hizo en medio del patio, a plena luz del día, sintió que un soplo de libertad le acariciaba>>

Comprendió mi secreto... estoy acabado. Si el se dio cuenta, entonces, mi familia, mis colegas, todos deben saberlo a mis espaldas. Estoy condenado por los siglos de los siglos -amén-. La felicidad es para la gente buena, no para los huecos mal de la cabeza como... yo.
-Felipe, argentino, chet..chat...como sea, Bustamante, English College... Raúl. +56977832457. No era para nada poco atractivo...¡Cállate marica repugnante! 
¡Como si ese pendejo se fuera a fijar en mi!
No le quitó la vista a su mano, allí estaba la clave para poder acceder al apuesto y misterioso veinteañero. Llegada la noche sintió el irrefrenable impulso de llamarlo, su deseo subía como un bollo en el horno. Se dio una ducha fría pero no se le pasaba. El rostro le pululaba en la mente.
Quizá fuera un número falso, sí, eso era lo más seguro. Entonces ¿Qué perdía al llamarlo?
A los diez segundos contestó un Raúl emocionado.
-Veo que te decidiste al fin
-quiero verte. Ven a mi departamento.
-no sabes nada de mí.
-tu tampoco
-bien, averigüémoslo entonces.
-te envío la dirección. No me falles.
Al cortar su corazón latía histérico, sentía que lo expulsaría en cualquier momento por la boca. La espera fue eterna, pero en media hora golpearon su puerta.
Llegó muy buen vestido y perfumado. Por fin le veía directamente a los ojos. !Y cuánto lo clamaban!
Se dieron un cálido apretón de manos, arrojó el abrigo en el sofá. Se sentaron juntos. Bebieron vino. Comieron y rieron con una intimidad envidiable.
Toda su fe estaba depositada esa noche en el Cabernet Sauvignon, como si el tinto fuera el elixir sacramental que le quitaría la timidez y le haría más atractivo frente al invitado de honor.
Libró el magnetismo etílico con el sacacorchos. Siguieron por el mismo carril sin chocar. Sin estrellarse en la caverna mineral.
Raúl no paraba de reír con el efecto que las copas tenían sobre el dueño de casa. De su pelo corto y formal escapan sendas trenzas que llegaban hasta la alfombra, y todo por culpa de la forma en que así y fumaba el cigarrillo.
Captó una fotografía mental del sublime momento, ese cuando un alma se libera de todo tapujo y cartuchismo expresándose con honestidad y despreocupación. Una salida momentánea del vasto armario. ¡Cuán bienvenida!

Los mirones del sector oriente de la capital brindan con champaña barata, puchos y música.
"love life", "Lullaby", "Alma Matters" y "Catch" gatillando los efectos del deseo.
-"I used to sometimes try to catch her(him), but never even caught her(his) name".
-La vista es una hueá muy mágica, te pueden sacar todo el rollo interno, saber si estás mintiendo, tus deseos más profundos.
-y por eso es que te reconocí Rorrito.
-hay que brindar...
-brindemos por el Adonis que nos unió esta noche.
-Por lo inalcanzable que es jajaja
-¡Por él!
-¡Por ti!
-¡Por nosotros!

-mira, yo sé que no nos conocemos mucho, pero cuando te sentaste al lado, algo me causaste.
Como un combo en la boca del estómago y quiero saber cómo se supera esto.
-déjame darte un beso. Esa es la única cura.
-pero ¿Y si me arde más de lo que ya me está irritando? ¿Y si me haces daño?
-al menos tienes que intentarlo.
-hazlo.

El resto es imaginable. Resumiendo, se besaron, saborearon y sorbieron los labios. Se tocaron, relamieron y abrazaron. Así enroscados, fundidos en uno desde el torso, las piernas y los pies.
Quedaron abrazados, hechos brasa. Y les gustó la sensación. A Rodrigo le fascino lo que Raúl hacía, donde antes solo dedos habían explorado.
Y continuaron o al menos lo están intentando.
Ya Rorro no teme caminar de la mano con Raúl.
Quién sabe, quizás algún día se atreva a besarlo en la calle con luz de día.

Rodrigo no resultó tener el culo velludo más redondo y parado del mundo. Raúl no tenía un pene colosal, más bien normalito. Rorro tenía la mitad de las muelas cariadas y aliento a tabaco. Raúl un colmillo de más. Rorro era un enclenque. Raúl las carnes bastante sueltas. Rorro nunca leyó gay en una novela o película de culto sin sentirse temeroso. Raúl no era el prototipo ideado de su compañero, y éste, nunca tendría ni la mitad del dinero que ganaría el abogado al titularse. No vivían cerca, no se dedicaban a labores similares. Rorro era algo amanerado. Raúl era desaliñado.
Y el vino esa noche bebido, nunca fue pagado.

Pero digamos que hicieron un pacto de tolerancia y se descubrieron tal cual eran en la cama, las citas y el desayuno. En la convivencia se gustaron, se apreciaron y encariñaron. En el camino de la facultad a la casa, de la pega a la casa -sin pasar más por el parque- telefoneándose, hablando por Whatsapp, cambiando el ánimo, floreciendo entre la resequedad de una urbe colérica. Sonriendo entre la abulia y la desesperanza.
Anularon las miradas severas e indignadas, de aquellos que no tienen siquiera mente para comprender lo que no es preciso ni decir.
No importaba realmente si fracasaban en su intento de amar. Era irrelevante si llegaban a los seis meses, al aniversario, a los tres, quince o a una vida juntos. había un triunfo cotidiano. Una victoria sobre la vida previa, un nuevo comenzar, o una nueva cosmovisión. Más dichosa, más plena.

Había asesinado finalmente al padre, madre, niñez, cultura, certezas, armario y caretas.
Era al fin quien siempre debió haber sido, para hallar esa esquiva felicidad, o al menos la calma, sin reprimenda alguna.
Era un marica más, un hombre más.
Una persona como usted y como yo que tomó decisiones, falló y en este caso, acertó de manera innegable.



<<Era todo tan simple ahora. Había mentido. Lo formuló en una frase. "Se había alimentado de mentiras" Pero las mentiras son el alimento natural de la niñez y las había devorado con avidez>>
-Forster E.M. Maurice. pág.58. Inglaterra. 1971-


sábado, 25 de abril de 2015

Mi antropófago deglutido


Afanosamente
clavas las uñas en mi carne

Antropófago bestial
Desprendes mis costillas
Como si fuera mi ropa interior
Con calma histérica
Inyectas tu sonrisa criminal
A modo de anestesia poco efectiva.
Noto la retirada de tus colmillos
exponiéndome los huesos.
Y luego cada tortura
Nada pasa desapercibido
Y quedas progresivamente
-decadente- en evidencia.
Sangro, caníbal mío.
Como si fuera sudor discurriendo,
Empapando mi camisa 
De un rojo ferroso y visceral.

Ni tu lo resistes,
Ni yo creo poder aguantarlo.
Era tan sencillo engañarse
"Lo hace por amor" "Es el disfrute mutuo"
Pero en tu vileza, solo tú hallas regocijo.


Prisionero en tus fauces

ideé mil y una formas de matarte...
Ninguna efectiva.
Hay que controlar el espasmo
  Para poder clavar la daga definitoria. 
No fui capaz de cruzar tu grasa.

Si desprendió el corazón
¿Dónde puedo atacar?
Tu cerebro, pensé
Pero ya lo habías vaciado
Me vi indefenso y a tu merced 
-para variar-
Seguías salivando 
Empapándo(me)te en mí.
Para deglutir hasta mi última pestaña
Enroscados en la cama.
Y aún tu dominación
Tu ansia desgarradora
Yo también te probé
Te devoré la pudicia y la razón
Te convertí en una alimaña sobre-excitada
Y deglutí hasta el último 
reflujo pasional de tu alma podrida.

¡Quién lo diría!
Fui más fuerte, o en todo caso más astuto:
Sólo bastó un burdo plan,
Carne fresca sólo para ti.

Can insaciable
Ya no fuiste más el perro guardián
Mermando mi avance
Comiendo, lamiendo y exitinguiéndome
Lenta y sádicamente.
¿Te acordarás cómo actuaste conmigo?
Cuando se me acercaban
-cual si fuera tu posesión-
Aullabas y gruñías vil licántropo
Pero no eras tan rudo ¿Verdad?



Y al único que te atrevías a morder
-¿Quién habrá sido?-
Aprendió a engrosar el cuero para sobrevivir
Desarrollé espinas, zarpas y escamas. 
Aun así fue un proceso lento y tortuoso
En el que por lo general perdí
La dignidad, la independencia y el orgullo.

¿Te acuerdas como succionabas
La alegría de mi torso?
¿La dicha entre mis dedos?
¡La juventud de mi entrepierna!


Entre almohadas y agasajos
Cual romano
Exigiendo "los mayores y mejores",
Siempre irás un paso más lejos 
En tu patológica violencia
-Sed irremediable de sangre-
Sádico crónico. Irreflexivo y pélvico

Mi carne extraña, por desgracia, tus labios
Mis rincones quieren ser masticados.

¿Será por eso que me hice a la costumbre 
de morderme las uñas?


Ave Caesar Morituri Te Salutant