Esos vastos armarios
Un día un niño (niña tal vez pero
digamos él)
Jugando en casa de sus primos
Decidió explorar por su cuenta
Ese ingente mundo que es para el
infante
Lo que no es su hogar.
Cruzó la desértica Arabia con sus
alfombras persas
Y cortinaje de la India.
Atravesó los despachos británicos
Y los anaqueles franceses.
Recorrió el globo entre cuatro, diez
Y más tarde trece paredes.
(Cada muro un año de vida)
Creció de golpe sin siquiera notarlo
-Las curiosidades se agudizaron-.
La misma morada de los primos
(También desarrollados o más bien
crecidos)
Ellas traían sostén
Ellos tenían bello incipiente en los
sobacos
Y en la entrepierna.
Y jugó. Con el primo jugaron.
Como antes entrando al afable ropero.
La Narnia de la discordia
De quién no desea ser capturado,
Rotulado y proscrito.
El armario amplio y apolillado
Casi vacío salvo por el púber
Y el adolescente dos años mayor
-Mira como forman ondas mis vellos
oscuros.
¿Quieres mirar?
-Mira lo mucho que me ha crecido…
¿Quieres tocar?
-Aquello que se eleva y petrifica-
¿Quieres probar-me?
Y gozaron los frutos ardientes
Con las mejillas incandescentes
Y las manos sudorosas.
Besos y caricias y mordiscos y la
fugaz eyaculación.
Sonrojados de cuerpo entero.
Reprimiendo una carcajada neurótica y
sincera.
Pasó el tiempo con mayor crueldad que de costumbre
No se vieron a solas nunca más
Pacto tácito
Tópico prohibido y vetado del
alfabeto
La sangre y pelvis que una vez
unioles
Ahora los aparta.
Ya no entran en el armario los
cuerpos juveniles
Está copado.
Medio Santiago está adentro
Sale uno, entran tres.
El adolescente, casi adulto a estas
alturas
Huyó de su ciega protección
-más bien grillos-
Para en la adultez seguir
descubriendo
-cual caja china o Matrioska-
Nuevos armarios cada vez más
estrechos.
Roperos para colgar la piel
La dermis pura
El alma
Y vestirse de yelmos y cáscaras
encarnadas
De hipocresía corrosiva.
El ropero de la educación media
El ropero del hogar
El ropero de la facultad
El ropero en la oficina
El ropero en las avenidas
En el transporte púb(l)ico
El ropero en los cafés, en las salas
de cine,
Parques y playas.
El ropero móvil.
El “ropero solar”
La “closet láctea”
La república independiente del
armario está sobre poblada.
Se ruega abandonarla a la brevedad.
Ave Caesar Morituri Te Salutant

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