jueves, 23 de abril de 2015

Muerto a la cabecera





Algunos dicen -relativo al fallecido-
Todavía no se ha enfriado 
Y ya le están pegando en la nuca
Lo cierto es que yacía
El cuerpo de aquel hombre.
La perpetua esposa llora los rincones
-A solas para no parecer demente-
Aun así derrama goterones
Y parece que se deshidrata
Que morirá también.
Mas la parca ya amputó el hilo vital
Y cortado ya nada volverá a unirle.

En concreto dos meses ha transcurrido
Y la mujer aún tiene grabado

El perfume del finado.
Y en los oídos martillando
El eco de su grave súplica:
"Yoya" "Yoya"
Clamando.
Exigiendo prendas impolutas y planchadas
Forzándole al coito los fines de semana.


                                                                 En las fosas nasales
                                                              Pero aún quédale su prole
Los que ya suénanse y aséanse por cuenta propia.
Los que tienen estructuras de vida alzadas
Ella es el puente quebradizo
Al cruzar se halla el mundo
Ese siniestro recoveco fuera del hogar
Poblado de hedores que no son Robín
Y bocas parlanchinas de lenguas afiladas
Que no besan como él lo hizo
Hasta hace mucho antes de la partida.
¿Cómo vivir un duelo con el cadáver cenando a la cabecera?
¡Cómo! Si está a tres metros suyo 
Y no tres metros bajo tierra.
Desde la tumba seguirá clamando 
"Yoya "Yoya""
Porque eso fue la vida,
Un directorio sacrosanto 
 Y una asistenta infatigable
Ducha en labores hogareñas,
Y terca al amar.
¿Dónde tus escasas cejas pobladas de canas?
¿Dónde la incontinencia urinaria y la demencia senil?
¿Mí invalidez?
Todo ello róndate Gloria
Bien lo sé
Y aquel cáncer sobre-sintomático de su ausencia
Te lleva a convalecer cada día un poco más
    ¡Si tan solo fuera cirujano!
Pero el único escalpelo que sé usar  
es la afilada pluma trazadora de textos.

La monarquía caerá -al fin-
Cuando no queden súbditos
Rodeando al rey
Cuando lo llamen hombre
(Si es que alguna vez lo fue)
Tendrá que abandonar su sitial
Y entonces tú mujer lo verás
-Y no lo reconocerás-
Demacrado y pestilente
A treinta años sentado
Garante y productivo sin dudas 
Sentado y hediondo a trasero al fin y al cabo.
El duelo es eterno
Mientras se conserve ilesa la memoria.
Pero te pregunto mujer incansable 
-Madre de perpetuos cuidados-
¿El cadáver fue tan bueno como lo idealizaste?
Entonces en plena libertad
De juicio define.
¿Honrarás vestigios de humanidad o profanarás
-como es debido- al falso ídolo?
Pero por favor decídete mujer
Que el vaho a muerte 
Se percibe desde la esquina
Y el roble tapizado luce más
Sin el fiambre montado
De lunes a domingo.
Sólo eso quería decirte 
Dama histérica en su total entrega 
Valiosísima eres. Considéralo.
Y no estarás sola en el cortejo
Yo llevo la pala a cuestas 
Y ya me pesa.





Ave Caesar Morituri Te Salutant

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